ࡱ> 6859 ~#bjbj .0l...v$ />.>..S.. :,.. nek2| i0R|4B.p". "..Psicoanlisis Aplicado a la minoridad. Camila Candioti. I- Campo de la llamada minoridad La compleja problemtica del llamado menor implica la intervencin de diversos campos del saber. Tradicionalmente la hegemona del discurso jurdico penal ha gobernado el campo de la proteccin de la infancia y adolescencia en nuestro pas. Dicha custodia remite al paradigma de la legitimidad de la pena privativa de la libertad, basada en la criminalizacin de la pobreza. La multiplicidad de mscaras que asume el campo de la minoridad, es decir, la presencia de contribuciones de la sociologa, politologa, psicologa, geografa social y urbana por citar algunas-, revela la poli-funcionalidad de la institucin social de la promocin del nio y adolescente por parte del estado. De all se desprende la necesidad de estudiar las formas, procedimientos y lenguajes que circulan en torno al tema que hoy nos ocupa. Investigar la actualidad en profundidad, en sus dimensiones y entrecruzamientos de mitos e ideologas es hacer historia del presente, es decir, hacer una autntica genealoga en trminos de Foucault. Punto este- de articulacin entre el psicoanlisis y otros discursos. No obstante, el psicoanlisis cuando se diluye en las crticas al sistema termina por adoptar un rechazo a todo aquello que instituye y subjetiviza, como podra pensarse desde una posicin netamente foucaultiana? Por ejemplo, la vulnerabilidad de los derechos del nio, ms all de los aportes de humanistas, el psicoanlisis seala que se trata de la singularidad del desplazamiento de la responsabilidad del sujeto-nio a Otro, generalmente sus padres, que lo anteceden. El nio como sntoma de la pareja parental y referencia a la respuesta que da la madre a la sexualidad femenina, hace a la diferencia entre un nio y otro, denota la particularidad. La intervencin estatal en el deseo -de los padres- hacia el nio, el lugar que ocupa en la estructura edpica, dista bastante de contribuir a una regulacin por parte del sujeto en este caso un nio- que a ste le sea conveniente. Es corriente que el advenimiento del sexo al nio se confunda con preceptos morales. En los pasillos judiciales es frecuente la sustitucin de diagnsticos clnicos por categoras sociales, los profesionales del rea psi se convierten en polica mental, no hay diferencia entre denuncia y demanda, declaracin del imputado a relato o dichos del paciente, se homologa delito y pecado. Estas son algunas de lss rasgos diferenciales del trabajo con nios y adolescentes judicializados. II- Intersecciones discursivas Para ilustrar lo expuesto hasta el momento, tomar el caso de L, con el que mantuve dos entrevistas, en el marco de un programa estatal dirigido a la atencin de menores inimputables. Hace tiempo, cuatro aos aproximadamente, que L est en contacto con un centro gubernamental destinado a la admisin y derivacin de casos, que la polica de la seccin juveniles extrae de la va pblica o de sus casas en el caso que as lo dispusiera la justicia. L llega por la va legal a causa de faltas o delitos menores, mientras que en numerosas oportunidades se acerca espontneamente con el pedido de que le encuentren un lugar para vivir. Debido a 1) las limitaciones presupuestarias, 2) de personal, o 3) mandato de externacin e ideal de devolver los chicos a su familia, la solicitud no ha sido escuchada; tiempo en el que la errancia de la vida de L ha ido en aumento. Una posible explicacin de ello, lleva a pensar en la herencia degradada de la crtica al Gran Encierro, lo que justificara la sordera generalizada. La doctrina de la Situacin Irregular, tributaria de las prcticas de profilaxis social ha intentado reemplazarse desde la vigencia de la Convencin Internacional de los Derechos del Nio. Empero, en la cultura de los trabajadores de la minoridad, se ha producido como efecto de ello, un reduccionismo de la invencin panoptista a un conjunto de tcnicas, lo que a su vez, deviene en la continuidad en el funcionamiento del principio de inspeccin benthamita. En el caso de L puede verificarse la diversidad de racionalidades que all operan. Este pedido de inernacin, por otra parte, se presenta como un contraejemplo, algo poco comn; diremos que L est a la altura de nuestro tiempo. En pocas del post un adolescente hace de sntoma del sistema; pone de relieve el abandono subjetivo que atraviesa en las calles. All, la ausencia del mito de las garantas es patente. L pide alojarse, demanda un lugar que lo albergue, pero el Otro sigue sin acudir a su llamado, la era del Otro que no existe es una realidad para este sujeto. III- Una oferta posible En la primera entrevista L viene acompaado de un amigo. Pasan juntos, ste ltimo relata con detalles sus dificultades familiares, su problema de vivienda, mientras que L permanece callado. Invito al amigo a regresar la semana siguiente y me quedo a solas con L. Ante su presencia silenciosa, le ofrezco algunos elementos, inmediatamente en una hoja se devela un universo simblico; dibuja una calavera, un monstruo malo, dos puntas de cuchillo enlazadas con espinas (inscripcin que porta su cuerpo), una rosa herida, dos iniciales (de su nombre y otra de su novia) y la careta de la comedia del teatro pero llorando. El dolor marca casi la totalidad de los dibujos, la pulsin de muerte irrumpe con gran intensidad. Desde una versin ms infantil, el sujeto ha hablado a travs de su compaero y sus producciones, pero an no ha tomado la palabra respecto de sus padecimientos. Mutismo que repite en su a-diccin al alcohol y la marihuana. Adems de recurrir al consumo en las salidas nocturnas (instancia de encuentro con el otro sexo), es la condicin para pasar la noche en casa de su madre y hermanas. El acceso de angustia que le produce el ejercicio de la prostitucin por parte de aquellas, le es insoportable, imposible. El rechazo que le produce dicha realidad fantasmtica lo lleva a confrontar constantemente con la madre. Basta que ella apruebe la concurrencia a la escuela nocturna para que abandone, o sancione la bebida para que la intensifique. Es decir, L se encuentra atrapado en una guerra con su madre que lo empuja a actuar, rebaja su deseo a una reaccin en espejo; esta lucha a muerte con el Otro materno le impide construir un espacio subjetivo. A la segunda entrevista acude solo, me saluda con agrado; momentos despus, al reparar en mi vestimenta cambia su semblante, duda en continuar con la entrevista. Dice: - Ah! Tens pollera. Las polleras no te gustan? Silencio. Las mujeres usan pantalones y polleras... Tu novia que usa? Pantalones ... ella es buenita. Coloca a la analista del lado de la madre, en oposicin a ella est su novia, que solo usa pantalones y con la que no sostiene relaciones sexuales. Entonces, lo real del sexo es insoportable, tanto que L hecha mano a la narcosis del deseo- como requisito de asistencia al sitio que lo remite a la pregunta por una mujer, interrogante al que no escapan varones o mujere. El encuentro con lo imposible inscripto en el cuerpo en la pubertad- lleva el sello de la historia familiar. La emergencia del goce sexual hace vacilar el fantasma. El retorno a la sexualidad infantil con el agregado de un nuevo valor ertico incrementa la confrontacin con el Otro parental y social. Este punto de cruce de la adolescencia- encuentra a L en un momento que le aguardaba desde el porvenir con la castracin. La encrucijada sexual atraviesa al sujeto, exigiendo una respuesta a la falta. Pasaje que se ve complicado en un dilema subjetivo que grita en los sntomas. Podr L transitar las experiencias del amor, a condicin de soportar la castracin? Tomar la palabra? Qu responsabilidad de sus actos?  Garca Mendez: Niez, adolescencia y Control Social. Menor es aquel nio real o potencialmente insitucionalizado.  Loc Wacquand: Las crceles de la miseria. Manantial. 1999.  Michel Foucault: Historia de la locura en la poca clsica. &;<_`'^h +IS' K 5 C E 7 <  <\ip\JKefBJkz|׸5\6>*OJQJ]j0J6OJQJU] >*OJQJj0JOJQJU6OJQJ]5>*OJQJ\OJQJ56OJQJ\]5OJQJ\C*;<_`n E 78\JKef=$a$$a$$a$"}#|:cV}   !!!""""<#=#}#~# j0JU6]5\#:!a"""<#|#}#~#$a$ & F,1h. 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