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Asociación Cristiana de Jóvenes
Por los últimos 20 años, la ACJ ha trabajado con niños de la calle en Bogotá. Empezó con atención directa en la calle, y ha llegado a ser uno de los programas más integrales y mejor pensados en América Latina. Este éxito se debe, en gran parte, al papel que investigación tiene en su trabajo.
En los años 80, cuando la mayoría de ONG a favor de niños de la calle estaban metidos en un asistencialismo tenaz, las investigaciones de la ACJ les enseñaron que los gamines sí tenían familias, pero habían salido de la casa por motivos familiares. La investigación también conprobó que hubo algunas comunidades lanzadoras, de donde provenían la mayoría de los niños que se encontraban en las calles. Con este conocimiento, la ACJ decidió trabajar con familias y con las comunidades lanzadoras -- en contraste con tal modelo, trabajo directo de calle es poco eficiente.
La ACJ se dediica a la prevención, pero prevención se define de modo muy amplio. Se descubrió que antes de arraigarse en la calle, los niños (y las niñas) pasaron por una fase de iniciación. Si el programa podía contactar los niños durante este momento, podía reintegrarlos a la familia fácilmente. Todos los niños en este fase inicial decían que era su única opción, pero cuando el programa les enseñó otras, estaban dispuestos a volver a sus hogares.
Hay dos centros para los niños iniciados en la calle, y se ubican en los barrios lanzadores: Ciudad Bolívar y Casuca. Las actividades de los centros son tan atractivos que los niños están dispuestosa volver a vivir con sus familias (los educadores prometen ayudar solucionar los problemas en la familia). Los juegos, el arte, y los deportes en los centros pretienden desarrollar los niños en cuerpo, mente, y espíritu -- incluyen nutrición, conviencia, juegos lúdicos, ecología, labor, y apoyo escolar.
Mientas los niños estén en los centros, educadores van donde sus familias. No se presentan como la solución de los problemas familiares, sino como gente que puede ayudar a la familia, para encontrar sus propias soluciones. El trabajo incluye toda la familia: padres y madres, tíos, abuelos y abuelas -- todos los que impactan en la vida del niño. También incluye trabajo en grupos de familias, porque en el mismo barrio, muchos problemas son parecidos, y muchas familias se enorgullecen por poder ayudar a sus pares. Trabajo de grupo también construye el tejido social; las familias se hacen amigos en una red de apoyo mutuo.
Hay ocho sesiónes de trabajo de familia. Al principio, eran sesiónes fijas, pero ahora son mucho más flexibles, y lideradas por la misma familia. Cada sesión dura dos horas, y acontece en la casa familiar. Para empezar, el niño debe contar donde se encuentra su familia -- muchas veces mientan, mas hay un patrón de la metira: otro calle con el mismo número, el apellido de la mamá en vez del papá, etc. Los educadores familiares llegan a la casa y dicen, estamos aquí porque su hijo se encuentra en la calle, y creemos que con la ayuda de Ud, él puede salir. Aunque la puerta se cierra en la cara muchas veces, persistencia y respeto siempre la abre de nuevo. Los educadores han aprendido de las técnica de la venta ambulante.
- La primera sesión es de enganche y evaluación -- no una evaluación ajena, sino una auto-evaluación por la familia. ¿Qué son sus problemas? ¿Sus sueños? ¿Sus esperanzas para sus otros niños? Aquí, el respeto y la escucha son las virtudes más importantes, porque hay que crear una relación afectiva con la familia.
- En la segunda sesión, se habla de la historia de la familia, tipicamente con la ayuda de genogramas. Resulta que casi todas las familias tienen una historia de calle -- o toda la familia, o el papá o la mamá, o un hermano. La calle es una solución habitual para la familia, y la conversa trata de por qué. Esta sesión es muy dura, y de mucha catarsis.
- La tercera sesión tiene que ver con la emoción. ¿Hay amor en la familia? La respuesta, casi siempre, es sí. ¿Se manifiesta el amor? Casi siempre, la respuesta es no. En familias que lanzan niños a las calles, el problema no es simplemente el abuso -- es que los papás nunca abrazan a sus hijos y nunca dicen que les aman. En esta sesión, los papás aprenden como manifestar el amor y el afecto, y cuales son las consecuencias de no hacerlo.
- Ahora, con la cuarta sesión, la orientación pasa al futuro. ¿Cuales son las esperanzas que tienen para los hijos? ¿Para la familia? ¿Que espera el niño de sus padres? Así, empiezan a soñar y desear otra vida.
- La quinta sesión busca el cómo. ¿Cuales recursos tiene la familia? ¿Qué es la red familiar? ¿Cómo puede apoyar el abuelo? ¿La tía? ¿Los primos? La familia aprende cómo aprovechar de las fortalezas y capacidades de ellos mismos, y los en su entorno.
- Con la sexta sesión, se puede desarrollar un proyecto de vida, y un camino para llegar hasta allí.
- La séptima sesión es de evaluación. Si la familia dice que quedan dificultades, todos vuelven a hablar de ellas. También, los educadores reciben críticas desde las familias: ¿Qué hemos echo mal? Las críticas refinan el proceso y manifiestan el respeto que el educador tiene para la familia.
- La octava sesión no es una sesión, sino una serie: el seguimiento constante. Al fin de seis meses, el proceso debe estar llegando a su fin.
Todo este proceso depende de una filosofía que enfoca en lo sistémico y lo ecológico -- capacidades, dinámicas sociales, insumos de recursos, y equilibrios. Hay una lógica de feedback y cambio.
El trabajo en las comunidades es igualmente importante. Allí, hay grupos de líderes juveniles, asociados por sus intereses: la música, la danza, la poesía y el rap. Hay tres profesionales animadores comunitarios que visitan a las comunidades para enseñar y motivar, pero el trabajo es de los niños y los jóvenes. Igualmente, los jóvenes se inscriben en los consejos juveniles, una parte de la nueva constitución colombiana, para integrar a la sociedad civil en la gobernación del país. Los jóvenes también sirven como mentores para sus pares chicos, construyen parques, son cocineros en un comedor escolar... lo que les parezca importante.
Como ya se notó, la investigación ha sido la base de todo este modelo. Igualmente importante son las voces de los niños y los jóvenes -- si los profesionales escuchan bien a los jóvenes, el proyecto y el conocimiento se mejoran. Ahora, los niños dicen que la calle va cambiando: ahora, no es buen negocio ser mugroso en la calle, porque la gente no da tanta limosna y hay grupos de limpieza social. Ahora, es mejor vestirse bien y robar. Y, porque el robo es un negocio mejor, ahora los gamines tienen el dinero para pagar una residencia, y no tienen que dormir en la calle. Hasta ahora, la ACJ no sabe qué hacer con este conocimiento, pero está buscando un nuevo modelo.
La ACJ también ha investigado la deserción escolar, porque se dio cuenta que hay una relación muy cercana entre abandonar la escuela y abandonar el hogar. Se encontró que los niños dan cuatro motivos para salir de la escuela:
- Maltrato por maestros, pares, y administradores
- Disciplina opresiva, y represión codidiana
- Clases aburridas. La profe no enseña nada, pero la calle siempre enseña.
- (y mucho menos común) Necesidad económica
Ahora, la ACJ está colaborando con las escuelas de los barrios lanzadores, para solucionar los problemas que motivan a la deserción escolar.
A propósito de la familia, la ACJ ha encontrado unos problemas comunes. La pobreza es necesario para el abandono del hogar, pero no es suficiente. Es la pobreza añadida a la violencia que lanzan el niño a la calle. El desplazamiento forzado (por la guerra) también es un factor muy fuerte. En en campo, los niños salían a jugar, pero en la ciudad, deben salir a la calle. Así, pues, lo lúdico es una iniciación en la calle.
Investigación ha mostrado que unas creyencias callejeras impeden la vuelta a la casa, entonces la ACJ ha desarrollado programas para descontruir tales mitos y creyencias. El padrastro y la madrastra son los blancos más comunes de los mitos -- ellos llegan a la casa para robarme al amor. Así, pues, loa educadores enseñan a los papás (y padrastros) que deben dar más afecto a sus hijos después de la segunda boda.
Otro mito de la calle es en la calle, eres libre. Los educadores de la ACJ tienen una orientación muy filosófica, y fomentan conversas sobre, ¿Y qué es la libertad? Igualmente, muchos chicos se creen poderosos en la calle, por sus armas y por la droga, y los educadores inquietan esta definición simple de poder.
La ACJ sirve 100 niños en la casa en Ciudad Bolívar, 80 en la casa de Casuco, y otros 60 en un hogar de emergencia. Hay 381 niños y jóvenes que participan en grupos de protagonismo infantíl, y otros 100 líderes comunitarios que ayudan al proceso. Ahora, la ACJ está trabajando con 230 familias. Sirven a esta gran población con un personal bien pequeño (menos que 40 empleados) y con un presupuesto muy delgado.
Todo el modelo de la Asociación Cristiana de Jóvenes se encuentra en un libro muy bueno, Prevención del Abandono del Hogar. La ACJ ha publicado el libro por internet, y se puede conseguir una copia gratis por hacer click http://www.ymcabta.com/publicaciones1/index_s.htm. Lo recomendamos.
La Asociación Cristiana de Jóvenes
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