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Alalay

En 1988 Claudia González estaba estudiando ingeniería en la Universidad cuando encontró un niño debajo de una estatua; el niño se llamaba Joaquín, y vivía en la calle. Claudia empezó a estudiar las dinámicas de la calle y sintió una "misión de Dios" de ayudar a los niños que viven en las calles de La Paz. Empezó a reunirse con los chicos que dormían en el parque del ex-zoológico -- muchos dormían en los árboles -- para conocerles, para jugar fútbol, y para distribuir comida. Sorprendida por el hecho de que unos aún estudiaban, les ayudó con sus tareas de la escuela. El abordaje de calle sigue este modelo hasta hoy.

En 1993, los tíos de Claudia regalaron una casa a su proyecto, y los niños lo llamaron de Alalay, porque ellos decían que la calle era el "Hotel Alalay", porque Alalay quiere decir "frío" en Aymara. Unos años más tarde, la alcaldía de La Paz dio una casa de recepción al programa, lo que les permitió expandir y profundizar sus trabajos.

La interacción entre los niños que aún vivían en la calle y los que habían participado en Alalay por un tiempo, causó unos problemas: "los nuevos contaminaron a los viejos". Por lo tanto, el programa decidió construir un proceso mediador, donde los niños podrían aprovechar de una casa de transición en la ciudad, y después ir a las "aldeas Alalay" en el campo.

Hoy en día, el programa atiende cientos de muchachos, tanto en La Paz como en El Alto. Equipos de calle conocen a los chicos, les ofrecen comida y asistencia en salud, y juegan fútbol, siempre con el fin de convencer el chico o la chica para que venga a vivir en la casa de Alalay. Hay un fuerte trabajo retórico, pero los educadores reconocen que la decisión siempre es propia del niño -- pero que los lazos de amistad y confianza siempre ayudan --. Por lo general, intentan conocer el chico en sus primeros momentos en la calle, porque sin una larga estadía en la calles, es más fácil salir de ella. Siguen trabajando con muchos adolescentes que han decidido no dejar la calle, porque "los grandes nos derivan a los pequeños", porque algunos adolescentes ya tienen bebés, y porque los lazos de afecto continúan siendo fuertes.

Hay una fase de transición entre la calle y la primera casa, dos semanas de "bienvenida" donde un voluntario o psicólogo se encarga del novato. Salen a la calle -- porque esa es la costumbre y el deseo del muchacho -- pero juntos, para re-interpretar la calle bajo otra óptica.

La segunda etapa es la casa de recepción, la que incorpora dos fases. En la primera fase, los niños y las niñas paulatinamente aprenden a dejar las estrategias de supervivencia que les eran tan importantes en la calle: la droga, el robo, la mendicidad. Para ayudar en este proceso, Alalay ha desarrollado una serie de "gradas" que marcan el progreso, con metas y objetivos claros. Cada viernes hay una "auto evaluación, pero con la ayuda de la psicóloga", donde los participantes dicen si les va bien en su progreso. Todo el mundo participa en esta evaluación, "hasta las mascotas". Las gradas tienen definiciones positivas: en vez de "no robar", la meta es "ser honesto", y los educadores siempre hacen esfuerzo de dar retroalimentación positiva. Durante esta fase, el niño tiene que volver a la escuela.

La segunda fase de la casa de recepción es el tiempo para desarrollar valores: resolución de problemas, comunicación, el esfuerzo para conseguir cosas, higiene, y responsabilidad personal. El programa tiene una base cristiana, así que la cuestión de valores es central. Durante esta fase, en vez de "gradas", los niños marcan su progreso por conseguir los materiales metafóricos para construir una casa y las niñas para decorar y amoblarla. Cuando la casa está lista, el residente está listo para la próxima etapa.

Durante todo este tiempo en la casa de recepción, la trabajadora social establece contactos con la familia y trabaja con ella para poder permitir el retorno del niño a su hogar. En la mitad de los casos, es posible esta re-integración, pero cuando no lo es, el chico tiene la oportunidad de ir a la aldea.

La meta fundamental de la aldea es buscar una vida normal para niños, niñas, y adolescentes que nunca la han tenido. Es un lugar privilegiado, y los educadores hacen mucho esfuerzo para hacer que niños y niñas en la primera etapa quieran ir allí. Hay talleres de panadería, carpintería, y textiles -- todos los productos son vendidos en el mercado -- y también un énfasis en educación técnica, tanto en la escuela en Micapaca como en centros más especializados. De los que han salido de la aldea, nadie ha vuelto a la calle.

Alalay tienen un programa ya establecido en Santa Cruz y en 2006, está comenzando un Alalay-Trinidad, en la zona amazónica de Bolivia. Algunas personas han pedido su intervención en Cochabamba, así que el programa está pensando una expansión a esa ciudad, también. También patrocina el trabajo de Kidlink, una iniciativa de alfabetización digital para la infancia excluida.

La filosofía de Alalay se basa en que "creemos mucho en los sueños y que se hacen realidad". El compromiso religioso también es fundamental para los que trabajan en la ONG: "Todos que estamos aquí hemos sido llamados... para combatir la injusticia."

Hogar Alalay
Avenida 6 de Agosto, Edificio dos Torres
La Paz, Bolivia

Hogar Alalay
Casilla 5745
La Paz, Bolivia

212 1222

info@alalay.org o proyectoalalay@hotmail.com
contacto: Ximena Alarcón, xpalarcon@hotmail.com


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