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Compa-Trono: Comunidad de Productores en Artes

Al final de la década de 1980, el Estado encarceló a un grupo de niños que habían vivido en la calle. Era común en aquellos días, y el mero nombre del "centro de rehabilitación" daba miedo a muchos muchachos: con el humor negro de La Paz, llamaron a esta cárcel "El Trono, porque allí vivís como un rey. Te dan comida y cama y no tenés que hacer nada." "Tronado" también quiere decir "detonado" o "roto", lo que dio un doble sentido al lugar. Dentro de este contexto, apareció el joven actor y sociólogo Iván Nogales, quien soñó con un grupo de teatro compuesto por niños y adolescentes que habían vivido en las calles.

Durante los talleres en la cárcel infantil, Claudio, Ángel, Chilla, Iván, y otros chicos imaginaban la comunidad de producción artística que ellos iban a crear. Iba a ser en El Alto, con un teatro, un cine, estudios de música, y un albergue para niños que no tenían donde vivir. También reflexionaron sobre sus vidas y crearon una obra de teatro que representaba lo que ellos habían experimentado. Hicieron ropa para el teatro con los desechos de un taller de costura y artesanía, y soñaron con presentaciones en teatros en Bolivia y en el exterior.

En los últimos 20 años, casi todos los sueños del grupo se han realizado. La compañía de teatro Trono (sí, tomó su nombre de la cárcel donde se formó) ha hecho muchas giras en Europa, Estados Unidos, y América Latina; ahora, varios de los fundadores del grupo son profesores de teatro y música. Construyeron una casa -- en realidad, un edificio grande -- todo de desechos y chatarra, y el edificio de Compa ahora queda como un farol de cultura en la Ciudad Satélite de El Alto, visible y dramático en medio de la arquitectura de ladrillo y adobe de la ciudad. Cientos de niños de la comunidad han pasado por sus talleres y compañía de danza, teatro, música, y artes plásticas, y muchos más han aprovechado de la oferta cultural presente en Compa-Trono.

Bajando por Ciudad Satélite, Compa ya es evidente: sus numerosas ventanas recicladas, terrazas, y murales saltan a la vista. Para llegar al edificio, se camina por la "Calle de la Cultura" (así nombrado por el gobierno boliviano), llena de arte callejero, y se entra por un portón abierto, donde hay un pequeño restaurante y espacio para encuentros comunitarios. También en la planta baja está la entrada a las minas, donde grupos escolares vienen para aprender sobre la historia y resistencia minera en Bolivia, en espectáculos presentados por niños y niñas de Compa. Las minas son tan realistas que los estudiantes visitantes casi siempre toman el "oro", piedras pintadas.

Subiendo la escalera, se encuentra la entrada pública al teatro: el público se sienta en gradas en forma de un U, y el espectáculo se desarrolla en un espacio abajo, lo que da un sentido muy íntimo -- pero a la vez profesional -- a la experiencia teatral. Hace años, los artistas y el público pensaron que La Paz era el centro de la vida artística del país, pero uno de los grandes logros de Compa-Trono ha sido la descentralización de las artes. Ahora, el público sube a El Alto para asistir a buen teatro, abrigándose contra el frío y experimentando algo de la ciudad más nueva y pobre de Bolivia. Para leer algunas reflexiones sobre una obra de teatro que yo vi allí, actuado por niños y niñas de 10-14 años, haga clic aquí.

La siguiente planta tiene una cinemateca, donde los jóvenes muestran cinema alternativo para comprobar que hay películas mucho más interesantes que las de Hollywood, una biblioteca, y el estudio de ballet -- donde se dan talleres de danza clásica, española, folklórica, etc. --. Danza ha sido muy importante en el desarrollo de Compa-Trono, porque apoya el proceso de "des-colonización del cuerpo", la lucha más difícil e importante que la comunidad hace.

La tercera planta es la más agitada e interesante, porque allí se encuentran los estudios de teatro y música. Casi siempre se encuentra un grupo de jóvenes ensayando una obra de teatro: cuando yo la visité, un grupo hacía las preparaciones finales para una gira por las Yungas (pueblos amazónicos cerca de La Paz), donde iba a presentar obras de teatro para motivar a la reflexión antes de la Asamblea Constituyente. Su actuación trató de la relación económica entre la periferia y el imperio, representado por empresas locales y globales de chocolate. Otro grupo de jóvenes investigaba y ensayaba un obra sobre la revolución boliviana de 1952, cuando mineros y campesinos hicieron un gobierno que duró poco tiempo, a pesar de la esperanza que inspiró en el pueblo. La obra ofreció mucha oportunidad de gritar "¡viva la reforma agraria!" (siempre divertido para adolescentes), pero también abrió espacio para reflexionar sobre los deberes del pueblo en un momento de esperanza y las causas de fracasos revolucionarios.

Otro grupo de teatro -- éste una mezcla de edades, con niñas de 8 años y adolescentes de 16 -- estaba empezando sus ensayos de una obra sobre el papel de la coca en la resistencia del pueblo autóctono contra el colonialismo e imperialismo. La obra postula que la coca da fuerza a la gente reprimida, manteniendo viva la posibilidad de resistencia abierta.

Asistir los ensayos de teatro es fascinante por varios motivos. Primero, es un ejemplo importante de protagonismo juvenil, porque los que organizan los talleres no son adultos, sino los jóvenes y adolescentes. Ellos escriben y modifican los guiones, hacen la coreografía (muy creativa, a propósito), e incorporan la música y danza. También es interesante porque los ensayos hacen un puente entre lo serio y lo juguetón: los actores están jugando constantemente, pero los resultados son muy buenos.

También en la tercera planta se suela escuchar el sonido de bombos y zampoñas, y otros instrumentos andinos. Cuando estuve de visita, los "tronitos" (un grupo de teatro de niños y niñas entre 8-14 años) estaban grabando un CD de música autóctona y criolla. Habían hecho talleres con un profesor profesional, pero también pasaban mucho tiempo practicando y ensayando solos. Se puede escuchar este disco en www.compatrono.tk -- haga click en el botón "Tronitos" (se les recomienda #5, "Mamita".)

Subiendo aún más, se encuentra el Albergue. No resultó ser un espacio para niños de la calle, sino para voluntarios y amigos internacionales, pero se incorpora dentro de la estructura de Compa, porque los niños y las niñas se sienten tan cómodos en la sala de los voluntarios como en sus propios estudios. También en esta planta se encuentra otra sala de ensayo de música, el estudio de video (una iniciativa nueva de Compa-Trono), y un bonito espacio para reuniones. Llegando a las plantas altas, hay la casa de Iván y una terraza con la vista más bonita de La Paz, con el Illimani (6,400 metros) en una dirección y el Huayna Potisí (6,088 metros) en la otra.

La actividad artística-política de Compa-Trono no se limita a su edificio. Los sábados (y algunos otros días), sale el teatro-camión, una tracto-mula que se convierte en un escenario. Los actores presentan sus espectáculos en colegios, ferias culturales, acciones políticas... o en cualquier espacio donde se les invite. Junto con el teatro-camión viaja la Escuela Móvil -- con actividades y lecciones lúdicas -- y un inmenso juego de ajedrez, donde niños y niñas de la comunidad juegan colectivamente. Los jóvenes de Compa salen mucho a las escuelas de El Alto, La Paz, y provincias cercanas para dar talleres de teatro y música.

Compa-Trono no quiere ser un institución que estigmatice o "de un tatuaje" a niños y niñas, así que es abierto para todos; la mayoría de los participantes son de las comunidades periféricas de El Alto y los barrios altos (pobres) de La Paz. Porque no es explícitamente para "niños de la calle", cuenta con el apoyo de muchos padres y madres, los que se encuentran en el edificio cada noche, interesados en cómo avanzan las artes de sus hijos; también son los espectadores más importantes de las obras de teatro. También hay un fuerte vínculo con la comunidad, tanto a través de las artes como por las escuelas: unos 600 maestros han sido capacitados por Compa-Trono para incluir las artes y sus salas.

En Cochabamba, la sucursal de Compa trabaja en barrios marginales. En Santa Cruz, ofrece talleres en teatro y música para niños y niñas que participan en otras ONGs como CalleCruz, Fundación Sepa, o Mi Rancho.

Los primeros actores de Compa-Trono soñaron con una arte que transformase la realidad, una opción pacífica y constructiva a la guerrilla revolucionaria. Los eventos del 2005, donde los jóvenes de El Alto derrocaron a dos presidentes e iniciaron el proceso que llevó a Evo Morales al poder, son sólo una manifestación de como el nuevo énfasis en las artes en El Alto ha realizado este sueño.


Comunidad de Productores en Artes (Compa)
Ciudad Satélite Plano 404, Calle 17-B #615
El Alto, La Paz
Bolivia

Casilla 1823
La Paz, Bolivia

591 2 281 1284

www.compatrono.tk, www.compatrono.com

contacto: Iván Nogales, compain@yahoo.com


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