EL CARACOL
El Caracol atiende a jóvenes de la calle entre los 15 y 23 años, edades poco atendidos por las instituciones mexicanas. Allí los jóvenes cuentan con un hogar, programas de trabajo y, tal vez, el mejor programa de educación de calle en Latinoamérica. Su filosofía se basa en la reducción del daño, protagonismo personal y lo lúdico.
El énfasis esta centrado más en la cualidad que en la cantidad y sus resultados son impresionantes: jóvenes graduados que ya son empresarios, dueños de restaurantes y periodistas.
El trabajo del Caracol empieza con educación de calle, que para ellos no es simplemente un eufemismo relacionado con el proceso que seduce al niño a dejar la calle. En El Caracol, los educadores utilizan la empatía, la escucha y el humor, para construir relaciones de confianza con los niños, y después diagnosticar necesidades por medio del arte y la comedia. Un ejemplo de esto son las ilustraciones que tienen sobre la vida en la calle: "¿Cómo vives?" reza la imagen y aparece el dibujo de un niño orinando en la pared, robando comida o mendigando. Con este tipo de estímulos, hasta los adolescentes más resentidos o afectados por el vicio responden y comparten los detalles de sus vidas.
En este proceso, El Caracol ha encontrado también que los niños de la calle cuentan con recursos de todo tipo financieros, intelectuales, comunitarios. Y que, algunos incluso, ganan mucha plata por trabajar como fakires, mendigos, ladrones, traficantes, o limpiadores de parabrisas. Por esta razón, El Caracol les enseña a emplear mejor los recursos que poseen para mejorar su vida, ya sea para pasar la noche en un hotel o el resto de la vida fuera de la calle. Así, por ejemplo, los educadores no regalan simplemente un condón, sino que premian con otro al niño que ha decido comprarlo.
Educación de calle quiere decir también escuela en la calle. Por eso, después de conseguir la confianza de un grupo de niños, los educadores llevan a los lugares donde ellos se reúnen una computadora laptop, un proyector y una presentación en Power-Point para enseñarles acerca de la sexualidad, la salud, las relaciones personales, la droga y el VIH-sida. De la misma forma, como los Educadores saben que los adictos a la goma-pegante aprenden por la relación con lo físico, la clase sobre sexo se lleva a cabo donde los niños acostumbran a tener sus relaciones y la clase sobre goma donde ellos se envician. Al parecer los inhalantes destruyen la parte aural del cerebro, antes que la parte visual, y por eso la importancia de enfatizar en el arte, los dibujos y las caricaturas.
El Caracol tiene un hogar transitorio y una red de negocios para quienes quieren dejar la calle. Allí pueden trabajar como aprendices en la cría de conejos, en el manejo de una prensa "offset", en un restaurante, una panadería, y una cocina para banquetes especiales (¡la misma que cocina para las fiestas de la Embajada de Francia!). Todos son negocios auto-sostenibles que los capacitan laboralmente y en el campo de la administración; tanto que los graduados exitosos hablan del Caracol MBA ("El Tec de Caracol').
Finalmente, El Caracol tiene un excelente proceso de monitoreo y evaluación que podría servir de modelo para cualquier institución.
Contactos: Martín Pérez García (Director), Blanca (Monitoreo), César y Henrique (Educadores de calle), Geraldo (Arte), Gabi (Finanzas)
info@elcaracol.org