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Resolución de Conflictos

Hernando Roldán es famoso en Medellín, la ciudad más violenta de América, talvez del mundo, por su capacidad de resolver conflictos y construir el tejido social en barrios destruidos por la guerra y el narcotráfico. En una entrevista con Shine a light, él explicó su método.

La primera cosa importante es hacer una distinción entre violencia y conflicto. Todas comunidades tienen conflictos, y las comunidades violentas no tienen más conflictos, ni conflictos diferentes, que las demás comunidades. La diferencia es que comunidades violentas han perdido los instrumentos para resolver sus conflictos, y la violencia queda como la única herramienta.

Mucha gente quiere eliminar la violencia por negociar con los actores violentos. Según Sr. Roldán, éste es un camino equivocado. En vez de trabajar con los violentos, hay que fortelecer los líderes sociales, los que contribuyen al bien de su comunidad. En cada barrio violento, habrá tensión entre los líderes cívicos (comunidades eclesiales de base, profesores respetados, madres comunitarias, talvez el peluquero o la panadera) y los líderes no-cívicos (las pandillas, las guerrillas, talvez la policía o el ejército). Comunidades son complejas, y si accedemos a los líderes violentos como líderes legítimos, ellos ya ganaron.

Para imaginar este proceso, hay que entender el por qué del poder de los actores violentos. Sí, tienen las armas, y la gente tiene miedo, pero su poder proviene de otras fuentes. Las pandillas brindan servicios a la comunidad: protección, empleo, dinero, comida, un sentido de identidad. Con cada servicio que brinda, se les quita la fuerza a los actores cívicos, legítimos, y no violentos. Entonces, para subvertir el poder de las pandillas, hay que fortelecer los líderes cívicos.

¿Cómo abrir la puerta a la comunidad? Los políticos no sirven, porque muchas veces son esclavos de actores violentos, o tienen su propia agenda. Hay que buscar los líderes autóctonas, la gente que recibe respeto de toda la comunidad. Puede ser el peluquero, o la “madrecita” (una figura colombiana, un tipo de sacerdotisa para las pandillas que les critica y perdona.) Otras veces será un buen jugador de fútbol, o la mujer que canta vallenatos en la fiesta.

Amistad con esta persona sólo abre las puertas: él (la) que viene a resolver conflictos no puede afiliarse con un solo actor comunitario. Debe construir una red de todos los líderes: las madres comunitarias, los gays, los negros, los músicos, los jóvenes, las desplazadas... todos los liderazgos no-violentos. Y, más importante, el proyecto propuesto debe beneficiar a todos. Si es para fomentar microempresas, los micro-préstamos se deben conceder a todos grupos. Construir una cancha de fútbol para los muchachos no sirve si no hay una red de volei para las niñas. Liderazgos populares son ya siempre excluidos, entonces su inclusión supera mucho.

La concertación de los líderes civiles ya tiene un plan, y, de verdad, los pandilleros no lo pueden oponer. Pandillas y guerrillas (de izquierda o derecha) justifica su poder por el bien que ellos traen a la comunidad, y lo ejerce por la fragmentación de la comunidad. Un plan para beneficiar a todos no se puede negar.

Es importante que el plan benificie a los pandilleros como individuos, pero no como banda: que los jóvenes juegen en la cancha de fútbol, o mejor, que encuentren trabajo en la nueva panadería. La pandilla saca su fuerza de los beneficios que otorga a sus miembros, y si otro actor social otorga los mismos beneficios, los jóvenes tienen otra opción.

El nuevo plan comunitario fomentará nueva tensión, porque la balanza de poder va cambiando. En este momento, Sr. Roldán sugiere un “pacto cívico,” un contrato escrito entre todos los miembros de la nueva sociadad civil organizada. Es un proceso lento, de ir de puerta a puerta para llamar todos a una reunión, a para firmar un contrato de convivencia.

Los actores armados también firmen el pacto, pero como individuos, no como pandilla. Ellos, al igual como todos los otros, acceptan

  • no agreder a la comunidad civil
  • de respetar los bienes públicos que sirven (escuelas, iglesias, centros de salud)
  • de respetar los servicios públicos que ayudan a la comunidad

Cuando se habla de la policía como servicio público, los pandilleros siempre dicen, “pero los policías no ayudan a la comunidad. Ellos no solucionan problemas, pero nosotros, sí!” Así se abre la puerta a una larga conversación sobre soluciones de problemas y conflictos. Lentamente, los pandilleros se dan cuenta que no han solucionado ningún problema; reconocen que han matado inocentes. La auto-definición de la pandilla es de servicio a la comunidad, y este darse cuenta es un choque duro. De pronto, se dan cuenta que las armas de destrucción masiva también perjudican a la comunidad, al igual como la vacuna.

Dentro de poco, la pandilla ha perdido su razón de ser.

Perder su justificación no quere decir el fin de la violencia; en muchos casos, la pandilla seguirá como puros malos, sin un discurso de beneficio a la comunidad. En este momento, es muy importante hacer un pacto de reconciliación, que perdona los jóvenes violentos y les reintegra a la comunidad -- en las nuevas panaderías, la nueva cancha de fútbol, en las iglesias y las escuelas. Hay que aprovechar de las capacidades de los muchachos: su liderazgo, su carisma, y su auto-definición como actores.

Este proceso ha tenido un impacto impresionante en muchos barrios de Medellín, pero requiere multiplicación.

Hernando Roldán

Calle 54 #64-10
Bloque 17, apt 302
Barrio Restrepo
Medellín, Antioquia
Colombia

260 4 5118347

hrs@epm.net.co


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