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La calle
La historia moderna nos enseña que los niños han acostumbrado a vivir en la calle. Charles Dickens y Víctor Hugo lograron acercar la vida de la calle a sus lectores, pero también hay descripciones del siglo XIX que hacen referencia a los pilluelos de la calle de casi cada gran ciudad europea, de Nueva York, y de Bogotá. Después de la Revolución rusa, multitud de niños abandonaron sus hogares y se fueron a vivir a la calle; se les denominaba "besprizornye" y eran una prueba concreta del fracaso que había supuesto el nuevo sistema soviético. Incluso hoy en día miles de adolescentes sin hogar, los llamados "gutter punks", vagan sin rumbo por las calles de los Estados Unidos.
No deberíamos pensar que el callejerismo juvenil es un fenómeno aislado o de reciente aparición, ya que los niños suelen verse obligados a vivir en la calle en tiempos de crisis social y económica. No obstante, los niños de la calle de Latinoamérica son un caso especial porque, en esta región, el fenómeno es más complejo, más extenso, y está más arraigado que en muchos otros momentos de la historia.
A principios de la década de 1990, las Organización de las Naciones Unidas lamentaba la existencia de 40.000.000 niños de la calle en Latinoamérica. Mientras que un estudio realizado posteriormente ha indicado que semejante cifra es una exageración, especialmente si definimos "niño de la calle" como aquel que tiene la calle por hogar, se ha llegado a la conclusión de que los niños de Centroamérica y Sudamérica tienen enormes problemas sociales. La calle se ha convertido en una perversa "tabla de salvación", el último recurso para los niños que huyen de la pobreza, del abuso y de la marginalización.
La calle como fórmula de supervivencia
Las organizaciones latinoamericanas que trabajan con los niños de la calle han aprendido que la calle no es tanto un lugar al que los niños acuden en busca de refugio como el medio que utilizan para sobrevivir. Aunque pueda parecernos difícil de creer, la calle proporciona acceso a los recursos materiales y emocionales necesarios para el desarrollo personal, recursos que son escasos o inexistentes en los enormes barrios marginales que se encuentran en la periferia de todas las ciudades latinoamericanas.
- Un detallado estudio realizado en Brasil ha demostrado que los niños de la calle casi nunca mueren de hambre; al contrario, su ingesta de calorías suele ser mucho mayor que la de los niños que viven en los barrios marginales. Obtienen su alimento de diferentes maneras:
- Mendigando en restaurantes, tiendas de comestibles y pidiendo a los transeúntes.
- Hurtando.
- Buscando en la basura, especialmente en los cubos de basura de los restaurantes.
En realidad, la cuestión en la dieta de un niño de la calle no es la ingesta de calorías, sino el contenido de la comida; suele ser rica en grasas, sal, y glúcidos. Por este motivo, aunque es posible que el hambre no represente un problema para los niños de la calle, la malnutrición sí lo es.
Independientemente de la calidad de la nutrición que uno pueda encontrar en la calle, hay algo que es fundamental: para un muchacho, la comida de la calle es más consistente y más sabrosa que la de su barrio.
- Según un estudio realizado por El Caracol, los niños de la calle de ciudad de México pueden llegar a conseguir cuatro veces el salario mínimo trabajando como faquires, acostándose encima de cristales rotos, tragando fuego, etc. En Venezuela, un joven vendedor de la calle gana dos veces el salario mínimo. En Medellín, los niños que trabajan en el tráfico de drogas se hacen ricos de la noche a la mañana. Este estudio de investigación, así como la experiencia que los empleados y becados de Shine-a-Light han tenido en una docena de países latinoamericanos, demuestran que, al contrario de lo que se pueda pensar, los niños de la calle tienen dinero.
En las más pobres favelas de Río de Janeiro o en los pueblos jóvenes de Lima, el turista siempre podrá ver un mar de antenas de televisión. Los niños pobres son víctimas de la propaganda consumista igual que el resto de la sociedad, sólo que ellos ni tienen medios para comprar los bienes de consumo que ven sus ojos. Al vivir en la calle, tienen acceso a las deportivas Nike o a los bluejeans Tommy Hilfiger, ya sea robando o ahorrando el dinero que ganan realizando trabajos esporádicos y mendigando.
Aunque estos bienes de consumo tienen una corta vida por la dureza de la vida de la calle, este dinero también satisface los deseos y las necesidades que en su barrio no podrían hacerse realidad.
- La calle es un lugar peligroso, pero, en muchas ciudades, los barrios marginales pueden llegar a ser más peligrosos. En Medellín, las bandas reclutan violentamente a los muchachos de los barrios que están bajo su control. Los muchachos tienen tres opciones: convertirse en soldados de las bandas (algunos días 100 jóvenes mueren en tiroteos que tienen lugar en la ciudad), abandonar el barrio, o morir. Estos niños llenan las calles del centro de la ciudad, en busca desesperadamente de un lugar a salvo del reclutamiento de las bandas. Algo parecido ocurre en Río de Janeiro, São Paulo, y Lima.
Para otros muchachos, la calle es un lugar más seguro que su propio hogar. Casi cada niño de la calle podría contar una historia de abusos a manos de un padrastro o un tío; en muchos casos, estas historias son sólo una manera eficaz de conseguir que un transeúnte le dé limosna, pero en muchos otros, son historias reales. Una vez más, la calle les proporciona recursos inexistentes en los barrios marginales.
Los niños de la calle también destacan otros recursos de los que no disponen en sus hogares:
- El cariño y la compañía de la pandilla
- El placer que les proporcionan las drogas y el sexo
- La independencia de normas y padres
Sin embargo, en el fondo, el punto de partida es el mismo: la calle es una fórmula eficaz de supervivencia, un lugar que, de alguna manera, parece la alternativa a la pobreza y la violencia del propio hogar. Esta idea resulta esencial para que las organizaciones latinoamericanas puedan proporcionar soluciones de bajo coste e innovadoras al callejerismo juvenil.
La vida en la calle
El que la calle sea preferible al hogar no implica que sea un lugar agradable, y ni los niños de la calle ni las organizaciones que les ayudan sufren este espejismo. En realidad, la miseria de las calles sólo sirve para destacar hasta qué punto la vida debe resultar más miserable en los violentos barrios marginales.
Las condiciones de vida en la calle varían de país a país y de ciudad a ciudad, pero algunas características se repiten independientemente de las fronteras nacionales.
- Violencia parapolicial. A principios de la década de 1990, el asesinato de los niños de la calle en Brasil tuvo gran resonancia en la prensa internacional. Pese a haber mejorado en dicho país, la situación ha empeorado considerablemente en otras regiones. Así,
- en la pequeña ciudad de Tegucigalpa (Honduras), los vigilantes han sesgado las vidas de al menos 300 niños en los últimos tres años;
- las bandas callejeras de Colombia suelen hacer que sus nuevos miembros asesinen a un niño de la calle como rito de iniciación.
- En Argentina aumenta la violencia juvenil de todo tipo, incluida la violencia contra los niños de la calle.
- En Perú, muchas agencias de asistencia social ya no realizan educación de calle, al temer por sus vidas en medio de una creciente violencia juvenil.
- Enfermedades. Los niños de la calle viven en cloacas, vertederos y cubos de basura, donde los desperdicios en descomposición les proporcionan algo de calor en el frío de la noche. La malnutrición y un inadecuado servicio de primeros auxilios ponen su cuerpo en peligro de contraer enfermedades. El abuso de drogas les hace vulnerables a morir de frío. La prostitución y la promiscuidad sexual hacen que corran un riesgo mayor de contraer enfermedades de transmisión sexual (ETS)
- En el año 2002 un grupo de doctores facilitó de manera gratuita, anónima y confidencial pruebas para la detección del HIV entre los niños de la calle de ciudad de México. Aunque no se trataba de un estudio controlado y de que no puede ser estadísticamente exacto, más de un 50% de los niños sometidos a dicha prueba dieron un resultado positivo.
- En el vertedero de basura de la ciudad de Guatemala, donde muchos niños se convierten en padres de otros, un estudio de investigación no oficial realizado por la ONG Camino Seguro indica que la mortalidad infantil supera el 40%.
- Según la ONG El Caracol, la esperzanza media de vida de un niño de la calle en ciudad de México se sitúa entre los 21 y los 22 años.
- Abuso de drogas. Tradicionalmente, los niños de la calle de Latinoamérica esnifaban pega (cola), pero en la actualidad el consumo de drogas se ha diversificado y se ha vuelto incluso más peligroso.
- En Colombia los niños fuman bazuko (un derivado de la cocaína) o patrasiado (un derivado del bazuko). Estas drogas crean un alto grado de dependencia y alteran de manera extraordinaria los procesos mentales.
- En las nuevas rutas de tráfico de heroína, especialmente en el sur de México, los niños de la calle han comenzado a consumir drogas por vía intravenosa.
- El crack ha generado un gran mercado en Brasil. Un gran porcentaje de los niños de la calle, que acostumbran a trabajar como "camellos" o mulas, son adictos al esta substancia.
- En México, una de las principales causas de la muerte de niños de la calle se deriva del consumo de alcohol y/o drogas; al emborracharse o "colocarse" es muy fácil que un coche les atropelle en una calle transitada.
- El abuso de drogas por inhalación persiste: cuando no disponen de cola o cuando ésta es ilegal, los niños esnifan pintura, limpiadores de PVC, y otros disolventes industriales.
- Explotación sexual. Tanto niños como niñas han aprendido que pueden conseguir dinero y un lugar en el que pasar la noche si venden su cuerpo. La prostitución y el sexo de supervivencia han proliferado en las poblaciones de niños de la calle; esta industria suele estar en manos del crimen organizado o incluso padres que explotan a sus hijos
- En en algunas ciudades de Brasil, Costa Rica, y Honduras, el turismo sexual se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos. Existen páginas web en Internet que anuncian los mejores lugares de Latinoamérica para comprar sexo con niños y niñas.
- Los traficantes internacionales de sexo atraen a mujeres basileñas y colombianas prometiéndoles un puesto de trabajo en el extranjero, luego las venden a prostíbulos de Europa, Norteamérica y Asia.
- En Chile, los coches de hombres ricos acechan por las calles de barrios pobres cada noche, en busca tanto de niños como de niñas.
Soluciones para la calle
Hemos diseñado esta página web para que las ONGs puedan aprender de la experiencia de colegas que han cosechado los mayores éxitos con los niños de la calle, para que los futuros voluntarios puedan encontrar organizaciones con las que deseen colaborar, para que los teóricos intercambien ideas, y para que las fudaciones descubran organizaciones eficientes que respondan a sus prioridades fundacionales. Si el usuario navega por los enlaces que siguen, podrá:
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