Mi Rancho
Mi Rancho se basa en una filosofía sencilla: "Cualquier cosa obligada no funciona". Por eso, tanto en el programa de calle como en el espacio residencial, los chicos aprenden a lidiar con la libertad, responsabilidad, y autonomía. Esta filosofía ha dado resultados muy fuertes, con muchos jóvenes en la universidad, otros con estudios superiores, y un clima muy agradable entre los muchachos.
El trabajo empieza en la calle, donde grupos de educadores conocen a los chicos -- por lo general, el trabajo de calle es con niños de menos que 13 años -- forman un vínculo que les permite ofrecer Mi Rancho como una alternativa. Hay una colaboración con otras ONGs en Santa Cruz, lo que permite que los niños escojan los programas que les interesan más.
Muchas personas que visitan Mi Rancho no saben qué es. No tiene las características de un hogar o una "ciudad de los niños", y la falta de muros y portones confunde a los trabajadores sociales bolivianos, más acostumbrados a espacios cerrados. A los niños y educadores, les gusta contar la historia de una familia que vino a visitar, y cuando se fueron, preguntaron "¿cuánto cuesta vivir en este condominio? ¿Nos pueden avisar cuando haya una casa en venta?" Los educadores conscientemente no describen Mi Rancho con ninguna palabra sencilla, y cuando alguien les pregunta ¿qué es?, se le refiere a los niños. La idea no es sólo que el espacio no estigmatice a los niños, sino también que ellos puedan definir e interpretar su espacio como ellos quieran.
Mi Rancho es una sola tierra, y todos los niños comparten los espacios comunes -- canchas de fútbol, plazas, parques, etc. -- pero se dividen en cuatro casas, más o menos por edad. Los más pequeños viven en la casa más cerca a la entrada al "condominio", y son ellos quien reciben los nuevos. Como se puede imaginar, la transición de la calle a la casa no es fácil, pero los otros niños se comprometen a ayudar a los nuevos a adaptarse, a lidiar con los momentos difíciles, y a acogerles tanto como puedan. Muchos niños vienen y van varias veces antes de decidir que van se van a quedar, pero cada vez que un nuevo se va, los que han estado allí por más tiempo se sienten mal, pensando que no han hecho todo lo necesario para recibirlo.
Desde el comienzo, los niños tienen la responsabilidad de organizarse, tanto socialmente como pragmáticamente. Hacen planes para cada comida, preparan un presupuesto, y compran su comida. También tienen que ejercer autonomía en sus estudios: nadie tiene que volver a la escuela si no quiere, lo que quiere decir que casi todos quieren volver a la escuela tan pronto como sea posible. Limpieza y tareas de la casa también son auto-organizadas.
No hay reglas formales, pero normas de convivencia surgen de la vida cotidiana, y los niños y adolescentes hacen todo lo posible para que estas normas sean práctica. No se escriben, porque todos saben que las coyunturas y las personas cambian, así que las normas también tienen que ser flexibles y acordes con el momento. La metáfora que los chicos y educadores usan es la familia, donde todo el mundo sabe como convivir, pero donde nadie tiene que escribirlo. Las "reglas de juego" son iguales para todos, tanto educadores como niños y adolescentes.
También fundamental para Mi Rancho es la integración de los chicos con la sociedad, para que no vivan dentro de una burbuja. Estudian en los colegios de Cotoca, el pueblo más cercano, e invitan sus amigos, amigas, y novias a Mi Rancho para fiestas o simplemente para jugar. Los educadores mencionan que muchos otros espacios residenciales se preocupan mucho con la represión de la homosexualidad entre los chicos, pero esto no es una cuestión en Mi Rancho. Los chicos tienen muchos amigos y amigas fuera de Mi Rancho, así que tienen más recursos y referentes para desarrollar su sexualidad.
Otra diferencia fundamental entre Mi Rancho y los programas residenciales es que no hay limite de edad. Los jóvenes pueden quedar en Mi Rancho hasta que quieran construir su propia vida. En algunos casos, ha sido con 18 años, después de terminar el colegio (impresionantemente, casi todos los jóvenes han terminado el colegio, hecho casi inédito entre las clases populares en Bolivia), pero otros quedan en la casa mientras hacen sus estudios universitarios o técnicos. Por lo tanto, los egresados tienen mas posibilidades de formarse un mejor futuro.
Mi Rancho no tiene un programa de tratamiento de drogas, a pesar de que casi todos los niños las han usado en la calle. Es una lección importante para otras ONGs que tal programa no era necesario: dentro del ambiente de libertad, responsabilidad, y autonomía que se construye en Mi Rancho -- y con la ayuda cotidiana de los otros chicos -- los niños dejan la droga libremente. Para Mi Rancho, dignidad es la solución para los vicios, no tratamiento.
Después del éxito del modelo de Mi Rancho, los educadores decidieron crear un programa parecido para niñas y adolescentes, Mi Pahuiche.
Asociación Mi Rancho
Casilla 5343
Santa Cruz de la Sierra
Bolivia
Carretera a Cotoca Km. 18.
3-3882092
388 2092
Contacto: Gregorio Monroy, gremoto@gmail.com
mirancho@cotas.com.bo
www.tiluchi.es