Niños de la Luz
En 1993, los norteamericanos John y Shannon Haslett llegaron a Caracas y vieron que había muchos niños en las calles, pero pocos programas para ayudarlos. Con la iniciativa y apoyo de unas iglesias cristianas, empezaron con actividades informales en la calle, desde juegos hasta caminatas en las montañas y visitas a las playas.
En 1995, Niños de la Luz se conforma como una asociación civil sin fines de lucro y adquiere un terreno cerca de Caracas, donde empieza a construir casas-hogares para el cuidado de los niños que deciden dejar las calles. En la actualidad existen cuatro casas, canchas de fútbol y básquet, piscina, espacios de cultivos de hortalizas y árboles frutales y galpones para la cría de gallinas y la producción de huevos. El conjunto de este complejo de casas hogares y espacios de producción agrícola se denomina Finca el Faro.
Niños de la Luz es una organización de desarrollo social de carácter privado y sin fines de lucro, promovida por iglesias y organizaciones cristianas, dedicada a rescatar y ofrecer protección integral a niños y adolescentes que viven o trabajan en las calles o están en situación de riesgo de ir a las calles, con el fin de ayudarles en su proceso de desarrollo integral como personas plenas, independientes y productivas.
Como entidad de atención de niños y adolescentes, nuestra responsabilidad en la defensa de los derechos del niño comienza en la calle, en contacto directo con el niño y su espacio de supervivencia. Nos acercamos no como transeúntes curiosos ajenos a una realidad visible, sino como participantes activos de una cotidianidad que nos es común a todos. El primer paso es buscar al niño en la calle, la plaza, la esquina o bajo el puente, a fin de reconocerlo como persona, identificarse con él, crear un ambiente de confianza y comenzar a construir una relación con el propósito de conocer su situación particular, entender la dinámica de su cultura callejera, persuadirlo a que abandone las calles y ofrecerle una posibilidad de cambio de vida. Esta tarea la llamamos contactos de calle y la realizan equipos de voluntarios en operativos nocturnos periódicos. Una vez que el niño se ha comprometido voluntariamente a hacer un esfuerzo para cambiar de vida y, habiendo agotado otras vías administrativas y legales, ingresa a una de nuestras casas hogares en la Finca el Faro, bajo medida de protección impuesta por un órgano competente según sea el caso.
La Finca el Faro, más que un programa institucional, es una comunidad de familias e individuos que reciben al niño en una casa hogar de transición donde, además de garantizarle su derecho a un nivel de vida adecuado, ofreciéndole una alimentación nutritiva, vivienda segura y vestido apropiado, comienza el trabajo más importante de Niños de la Luz: brindarle orientación y apoyo afectivo, espiritual, psicológico y escolar por parte de una familia sustitutiva, tíos consejeros, profesionales del trabajo social, de la conducta y la educación y voluntarios solidarios que lo ayudarán a adaptarse a su nuevo ambiente de protección, sanar sus heridas emocionales, recuperar su autoestima, localizar a su padre y madre, gestionar sus documentos de identidad, recibir atención en salud, recuperarse del rezago escolar, estimular su integración en el seno de su familia y de la sociedad y, lo más importante, guiarlo a tener un encuentro personal con Dios.
Paralelo a esta labor, trabajamos con los familiares del niño para intentar, de ser posible, reinsertarlo nuevamente a su familia de origen. Para los niños para quienes regresar a sus familias no es una opción porque no existen condiciones favorables que garanticen el cumplimiento de sus derechos y garantías, pueden permanecer en la Finca por el tiempo que sea necesario para seguir con su desarrollo como persona integral y preparación para la vida independiente, responsable y productiva.
De manera que, en la Finca le brindamos al niño y adolescente la oportunidad para ejercer su derecho al libre desarrollo de su personalidad, a la educación y la libertad de pensamiento con la debida orientación espiritual y moral. Los niños o adolescentes continúan sus estudios formales mientras colaboran, según la edad y el horario o día asignado, con las labores cotidianas de cuidado de la Finca, con la garantía de su derecho al descanso, recreación, esparcimiento, deporte y juego. Entre otras cosas, los niños y adolescentes, aprenden a realizar labores de limpieza, preparación de alimentos, actividades agrícolas y cría de gallinas con prácticas ecológicas, actividades de creación artística y cultural, a desarrollar hábitos de buena alimentación, cuidado personal, cuidado de su ropa y zapatos, lectura y pensamiento crítico, administración de sus gastos y todo aquello que contribuya a su formación y disfrute pleno y efectivo de sus derechos y cumplimiento de sus deberes conforme a su capacidad evolutiva hasta su incorporación a la ciudadanía activa.
El último sábado de cada mes es el día de la familia, cuando todas familiares, amigos, padrinos de los niños son invitados a la Finca para participar de un picnic y juegos. Grupos de iglesias cristianas, jóvenes universitarios y voluntarios internacionales también vienen a la Finca para ayudar. Todo este proceso se entiende como una manera de mantener los lazos entre los chicos y la comunidad. La integración más exitosa ha pasado a través de las iglesias, donde los niños forman parte del grupo juvenil, como cualquier otro niño. Su liderazgo en la iglesia fomenta su sentido de pertenencia y protagonismo.
Niños de la Luz
Contacto: Greg Burch
Apartado 63106
Caracas Chacaíto 1067-A
Caracas, Venezuela
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