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Vida y Libertad

En 1994, Francisco Javier, un Pastor Evangélico en Barcelona, España, fue tan conmovido por un terremoto en Cauca, Colombia, que vino al país, trayendo donaciones de su iglesia para los damnificados y desplazados. Sin embargo, cuando llegó a Medellín y vio la gran cantidad de niños en las calles, encontró una misión más importante. Por unos años, vino anualmente a Medellín con ayuda para las entidades que trabajaban con gamines en la ciudad.

Depués de unos años, decidió formar su propia organización, y, con voluntarios de la iglesia Fe y Esperanza, salieron en patrullas para conocer a los niños en las calles. En 1996, conseguió una casita que empezó a funcionar como un hogar.

Ahora, Vida y Libertad sirve a los niños “precarios,” es decir, los con una experiencia de calle que no han llegado a ser “gamines.” Familias con problemas de abuso, o donde los papás son presos en las carceles, pueden mandar sus hijos a Vida y Libertad, mientras arreglen sus problemas familiares, emocionales, o económicos.

Ahora, el programa tiene una casa en Medellín y una finca a unos 20 minutos de la ciudad. Sirven unos 55 niños, la mayoría en la finca.

Vida y Libertad también tiene una escuela para padres y madres, donde aprenden sus deberes, los derechos de los niños, y como disciplinar con amor. También reciben talleres de oficios. Por un tiempo, los talleres pasaron en la finca, pero cuando una madre robó la casa con una arma, se decidió hacer los talleres en una iglesia en el centro de Medellín. Se ha visto que muchos niños no sufren de abandono o abuso, sino de hipocresía: las mamás dicen “ay, cuanto que te amo,” pero no dan ni tiempo ni afecto. La escuela les enseña a ser constantes.

Con unos 70 padrinos en España y Colombia, Vida y Libertad puede sobrevivir, pero sólo “por los dientes.” Ha rechazado contratos con el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar), porque el gobierno quiere limitar su capacidad de evangelizar a los niños y sus familias.

Como en todo Colombia, casi todos los niños han sufrido de violencia, o en sus familias o en sus barrios. Muchos son victimarios, también, y todos tienen una ética de “ojo por ojo.” En este campo, Vida y Libertad ha encontrado que la religión funciona muy bien, porque los niños tienen que aprender a perdonar. Es sólo así que logran salir adelante, sin el cargo de la venganza o de la victimización.

Algo poco pensada pero muy importante es lo siguiente: la finca de Vida y Libertad, en una montaña unos mil metros arriba de Medellín, tiene una vista bacana. Los niños lo aprovechan, y a menudo se encuentran en el balcón para ver el valle.

Vida y Libertad.
María José Martín y Gloria Ceron

Medellín, Colombia

408 0913

cvl@epm.net.co

www.vidaylibertad.org


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