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Actitud del voluntariado

“Si un hombre se presenta en mi casa y dice que quiere ‘ayudarme’, ¡salgo corriendo por la puerta de atrás sin pensármelo!”
Henry David Thoreau


Cuando asistí a una reunión de trabajadores que tenía lugar en Cores de Belém, se habló sobre Antonio Gramsci. Los programas Projeto Axé y Projeto Travessia se basan en las teorías, especialmente complicadas, del psicoanalista Jacques Lacan. Según el JHA-JA, uno no puede llegar a entender la vida en bandas organizadas si no hace referencia a la Escuela de Frankfurt. Y, tanto Edisca como Colegio del Cuerpo están dirigidos por bailarines que estudiaron con Merce Cunningham y Martha Graham.

Algunos voluntarios creen que las organizaciones de Latinoamérica son tan pobres como los niños a los que dedican sus esfuerzos, pero se equivocan. Por lo general, las organizaciones pro niños de la calle son extraordinariamente competentes y están dotadas de trabajadores con una excelente formación en materia de filosofía y política. La mayoría de ellos han recibido formación oficial, y muchos han publicado sus propias obras.

Hay que pensar que los niños de la calle tienen recursos insospechados. En un mundo que podría acabar con cualquier ser humano, no sólo consiguen sobrevivir, sino que también salen adelante. Aunque no tienen familia y no van a la escuela, aprenden las habilidades sociales y económicas los unos de los otros, se organizan para protegerse de los vigilantes y para crear sus propias comunidades... Y a pesar del insólito sufrimiento al que se ven abocados, estos niños juegan en las fuentes de la ciudad y corretean alegremente por las calles.

¿Acaso estoy insinuando que los niños de la calle y las organizaciones que se ocupan de ellos no necesitan su ayuda? ¡De ninguna manera! Pero quiero dar a entender que no apelan a su caridad o a su compasión.

Cuando trabajé con los niños de la calle en la ciudad de Nueva York, hice de intermediario en el “House Meeting”, un foro en el que los niños podían expresar abiertamente sus quejas sobre el programa y realizar sugerencias. En cada reunión se repetía la misma acusación: “En realidad, los muchachos no les importamos. Sólo están aquí por la paga”. Dada la insignificancia de estas pagas, incluso quienes decían estas palabras eran conscientes de la falsedad de sus acusaciones; pero la queja que lanzaron decía mucho acerca de la falta de respeto que sentían estos adolescentes de la calle.

En otra reunión, una muchacha levantó la mano para decir: “Eh, estoy harta de que se quejan del egoísmo de la gente. ¿Saben lo que pasa con este sitio? La gente aquí es demasiado compasiva. Es como si tuvieran que rebajarse para ayudarnos, y eso hace que me sienta insignificante. ¿Saben quién me cae bien? X [dice el nombre de uno de los trabajadores]. Cuando te escucha lo hace porque realmente quiere saber cosas de ti, porque tiene curiosidad. Él consigue algo, ¿sabes? Y yo le enseño cosas.” Aunque nadie se ponía de acuerdo en nada de lo que se decía en el House Meeting, todos asintieron a sus palabras.

La lección de aquella niña es fundamental: ayudamos más cuando aceptamos que el otro tiene algo que enseñarnos. Imagine que hay una niña que vive en la calle, pero que ha oído rumores de que existe un lugar mítico llamado “Nueva York” (o Amsterdam, u Oslo, o Madrid...), o que ha visto una película ambientada en una tierra mágica y perfecta. Entonces, una joven neoyorquina se encuentra a la niña en la calle, y siente verdadera curiosidad por ella. Le hace preguntas, quiere saber y aprender detalles de su vida... no como un asistente social, sino como una persona que sabe que puede aprender algo de esa niña. Esta curiosidad cambiará la vida de la pequeña más que cualquier lección que le den sobre drogas, SIDA, o matemáticas.

Naturalmente, un voluntario debe dar lecciones sobre sexo seguro o económicas... Pero la experiencia de la niña también puede enseñar algo muy importante a esta voluntaria, que a su vez la puede ayudar con su propia experiencia. Sin embargo, esta curiosidad mutua suele ser incompatible con la clásica relación profesor-alumno/a, que entonces acaba haciéndose insostenible. Así, mientras que las relaciones basadas en la “colaboración” siempre se confunden con las que se basan en el poder, una relación basada en la curiosidad implica un verdadero cambio en la vida de una persona.

Hasta la década de 1960, la educación y la beneficencia en Latinoamérica servían de tapadera al ejercicio de la autoridad. Las Iglesias y los patrones ricos prestaban ayuda a los indigentes a cambio de su sometimiento, o del establecimiento de una relación cliente-patrón, que se remite a la época del Imperio Romano. La mayoría de las organizaciones gubernamentales siguen adoptando esta postura, y en las escuelas públicas, en las que aprender todavía equivale a memorizar, se asigna a los niños el papel “que les corresponde” en una sociedad clasista.

Imagine que en este contexto hay un voluntario dando clases sobre sexo seguro. Al final de la lección, pide a un estudiante que ponga un preservativo a un plátano, o le hace una pregunta sencilla sobre cuál suele ser la causa del SIDA. En la mayoría de los casos, el voluntario recibirá una de estas tres respuestas:

  • “No sé”.
  • “Usted es el profesor. ¿Por qué me lo pregunta a mí?”
  • Silencio.

Los estudiantes han aprendido que estas técnicas son la única manera de ofrecer resistencia al poder y al control que se ejercen en el sistema educativo, y si el voluntario viene de Nueva York o de Berlín, las relaciones de poder resultan todavía más complejas. Afortunadamente, al realizar un nuevo acercamiento creamos un nuevo contexto, un contexto en el que los niños no sienten la necesidad de rebelarse, un contexto en el que pueden aprender de nosotros como nosotros de ellos.

Esta misma lección se aplica a las relaciones para con una organización. En Bogotá, los educadores de la calle no sólo han vivido experiencias difíciles de imaginar en Estocolmo, sino que también nos pueden ayudar a descubrir nuevas maneras de pensar: acudiendo a Gramsci para reflexionar sobre el graffiti o a Adorno para entender la vida de las bandas, desafiando a la disciplina del trabajo social mediante los escritos de Foucault... Ésta es una buena oportunidad para aprender: ¡no la deje escapar!

Si desea obtener más información sobre algunas de las ideas básicas de los servicios de asistencia social en Latinoamérica, ideas como “protagonismo” y “asistencialismo”, le rogamos que haga click aquí. Si dispone de más tiempo para documentarse, le sugerimos que lea libros de los siguientes autores latinoamericanos, que le ayudarán a entender la labor de un voluntario:

  • La obra de Paulo Freire sienta los cimientos de la educación popular y de la calle, y resulta esencial para entender la relación existente entre los servicios de asistencia social y el cambio social. Pedagogía de los oprimidos es el libro más conocido de este autor, que sigue cultivando su pluma.
  • Eduardo Galeano tiene una excelente reputación fuera de Latinoamérica. Aunque su fuerte no es la teoría, le parecerá sensacional el enfoque que el autor da a la historia en sus libros, y cómo aborda la manera de pensar de los activistas latinoamericanos.
  • Helio Gallardo no es muy conocido fuera de Latinoamérica, pero su planteamiento sociológico resulta fundamental para entender las relaciones basadas en las nociones de raza y poder... y para aprender a franquear estas barreras. Pruebe a leer su obra 500 años: Fenomenología del mestizo.
  • Enrique Dussel es uno de los filósofos latinoamericanos más importantes del momento. Su obra resulta fundamental para entender que la izquierda latinoamericana ha superado la filosofía del estado de bienestar, y concede un mayor protagonismo al pueblo y a la sociedad civil.
  • Por último, Teología de la liberación constituye la base de la mayoría de los movimientos sociales de Latinoamérica, incluso de los laicos y los no cristianos. Para conocer más de cerca las consecuencias políticas y teóricas que se desprenden de este movimiento, aconsejamos leer las obras del brasileño Leonardo Boff, y de Franz Hinkelammert, un chileno asentado en Costa Rica (en especial, recomendamos su obra Las armas ideológicas de la muerte). En lo concerniente a la literatura feminista, las obras de Ivone Gebara y Elsa Támez son de capital importancia. También recomendamos la lectura los ensayos de crítica bíblica, escritos por Pablo Richard. En cuanto a los tratados sobre teología, Juan Luís Segundo es inigualable.

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