Coyuntura Nacional del callejerismo en Brasil
A finales de la década de los 80, Brasil tenía uno de los peores problemas del mundo con los niños de la calle. Más allá de un número espantoso de niños sin techo, hubo grandes matanzas de menores, pocos servicios sociales, y un ambiente social sin la empatía y consideración necesaria hacia los niños.
Dentro de este contexto surgió "O Movimento Nacional de Meninos e Meninas de Rua" (El Movimiento Nacional de Niños y Niñas de la Calle), una organización que integró acción política y acción social. "O Movimento", impulsado por el Padre Bruno Secchia y apoyado por la iglesia y algunos movimientos de izquierda, movilizó a todos los grupos interesados en ayudar a los niños de la calle: a los que trabajaban con ellos (trabajadores sociales, iglesias, asociaciones comunitarias), a importantes fuerzas políticas, a intelectuales comprometidos, y por supuesto, a los mismos niños.
A comienzos de los años 90, Brasil estaba llena de esperanza. La dictadura había caído, la sociedad civil resurgía, y el fin de la guerra fría había liberado a la izquierda de una ideología paralizada. El Congreso reflejó esta esperanza con nuevas leyes sobre derechos humanos, protección a las minorías culturales, y propuestas de justicia civil.
La presión de nuevos actores culturales, particularmente de "O Movimiento," impulsó la realización del "Estatuto da Criança e do Adolescentes " (ECA, la Ley de Niños y Adolescentes). Esta ley, tal vez la más progresiva del mundo, definió las responsabilidades del estado hacia los niños y sus familias, institucionalizó una visión basada en los derechos de los niños (y no en la caridad hacia ellos), y creó un sistema para garantizar que la ley se cumpliera. ECA fué la base del posterior éxito que obtuvo Brasil en este campo.
Para leer el texto del ECA (en Portugués), haga click aquí.
A pesar del ECA, la situación de los niños de la calle empeoró hasta el año 93. La vigilancia privada y la seguridad pública siguieron matando niños a tiros; Su número no disminuyó y por el contrario el consumo de drogas aumentó. Sin embargo, en el '93, 13 niños fueron asesinados en La Candelaria de Rio de Janeiro. Repentinamente, el consenso nacional e internacional dijo "basta."
Mientras la presión global obligó al Estado Brasilero a respetar los derechos de los niños de la calle, las ONG habían aprendido a utilizar el ECA. La sociedad civil se integró a los "Consejos Tutelares", desde donde podían denunciar violaciones de derechos humanos y hacer castigar a los culpables.
En São Paulo, la "Associaçõn de Apoio dos Meninos da Região Sé" vigilaba las calles toda la noche para proteger a los niños de sus asesinos; una estrategia que resultó ser muy exitosa. "O Movimento" concientizó a la gente y al Congreso sobre el problema. Y al cabo de unos años, las matanzas se acabaron.
Sin embargo, el fin de las matanzas no fue garantía de respeto a los derechos humanos, ni tampoco aportó de manera inmediata solución a los problemas de los niños de la calle. Era menester un largo proceso que integrara a muchos de sus actores.
Las ONGs desarrollaron nuevos modelos y propuestas de ayuda e impulsaron y apoyaron a otras instituciones para ayudarles a salir adelante. Surgieron así: la "pedagogía del deseo", del Projeto Axé; la "cooperación entre el poder público y sociedad civil", liderada por Projeto Miguilim, en Belo Horizonte; e innovadores programas "académico-sociales" como Aldeia Juvenil (en Goiánia) y CESPI (en Rio). Otras asociaciones comunitarias como Monte Azul y Salgueiro iniciaron programas para prevenir el callejerismo.
Para la sociedad civil aportar soluciones a los problemas de los niños de la calle, se convirtió en un proyecto común.
Estas ONGs y otras que le siguieron, hacen parte de la verdadera historia del callejerismo en Brasil. Y aunque es una historia bastante compleja para ser reflejada en su totalidad por ésta página, vale la pena resaltar que en esa lucha común han alcanzado un apreciado y merecido éxito.
El año año pasado, un censo en Belo Horizonte, una ciudad de 4.5 millones, encontró sólo 520 niños de la calle, y Proyecto Miguilim ayudó a 369 (un 70%) a encontrar sus casas. Finalmente, se reintegraron a sus familias y volvieron a la escuela.
Otras ciudades del país siguen teniendo problemas, pero en todas partes la trayectoria es igual: cada día menos niños se arraigan en la calle, y muchos más logran salir de ella.
Para mayores detalles sobre la historia de la lucha por los derechos de la infancia en Brasil, consulte "Social Mobilization for the eradication of Child Labour," por Benedito dos Santos, fundador del Movimento Nacional de Meninos e Meninas de Rua. (en inglés).