Coyuntura Nacional del callejerismo en los Estados Unidos
Contraria a la impresión que dan los medios de comunicación, hay una gran cantidad de niños de la calle en los Estados Unidos. En Nueva York, por ejemplo, un censo informal encontró 50,000 niños y jóvenes sin techo. Hasta en las ciudades pequeñas, los niños tienen un alto riesgo de vivir en la calle: el programa para niños callejeros en Santa Fe, Nuevo México (una ciudad de 60,000 habitantes) sirve a más de mil niños por año.
Sin embargo, la experiencia de los niños de la calle es muy particular frente a la que viven sus vecinos en los cercanos países de Latinoamérica. El fenómeno es sencillamente diferente, y por esto es que la respuesta a la problemática difiere también de las otras.
En primer lugar, un niño norteamericano se arraiga a la calle mucho más tarde que un niño latinoamericano, es decir, a la edad de 15 o 16 años. Es importante tener en cuenta que existe un mayor nivel de escolaridad (la mayoría de los niños tienen unos diez años de escuela formal), lo que les permite más opciones de trabajo y de vida.
En segundo lugar, por estar en la calle por menos años, éstos jóvenes no sufren tanto apego por los malos hábitos de la calle, y se pueden desarraigar más fácilmente. Sin embargo, por ser adolescentes tardíos, son más rebeldes y más resistentes a los programas que les intentan ofrecer ayuda.
Las motivaciones que llevan a los niños de Estados Unidos a vivir en la calle, son diferentes a las de los niños latinoamericanos. En las grandes ciudades y en las comunidades inmigrantes, hay niños que viven en la calle por pobreza, pero para la gran mayoría, ésta no es la razón principal. Datos del gobierno federal indican que un 85% de los niños de la calle han sufrido de algún tipo de abuso, y huyen de la casa para escapar de ésta situación. Esta situación requiere de un tratamiento diferente; entre otras cosas, porque aumenta la resistencia a la autoridad.
Adicionalmente, la diversidad cultural en los EEUU lo complica todo. Hay niños de la calle que pertenecen a familias ricas y blancas, los hay de familias cubanas, mexicanas, chinas, negras, caribeñas..., niños que no hablan inglés, niños con familias deportadas por la "Migra". Así, pues, el "orgullo cultural" del que tan buen uso hacen las ONG en todas partes de América Latina, tiene aquí poca fuerza. Los programas más bien deben estar orientados a promover la tolerancia y el respeto a otras expresiones culturales. Así mismo, esta diversidad cultural tiene mucho valor, porque puede proporcionar un montón de perspectivas diferentes en los niños.
Como en Latinoamérica, los niños de la calle norteamericanos sufren también por la violenta reacción de la policía. Pero en los EEUU esta violencia tiene un carácter más institucional y menos drástico: la cárcel es el recurso común, en lugar de las matanzas en la calle.
En los EEUU, son los mismos niños quienes matan a otros niños de la calle y en el caso de los trabajadores sexuales, son ellos quienes en ocasiones eliminan a sus "clientes". Las conocidas pandillas norteamericanas son el medio de defensa para los niños urbanos, y las guerras entre pandillas causan muchas muertes. Una de las cosas que propicia tal violencia, es el fácil acceso a las armas de fuego, que hace que en los Estados Unidos haya un inminente clima de peligrosidad.
Los programas gubernamentales de bienestar, aseguran que los niños más pequeños tengan una casa, una institución o una familia substituta ("foster family"). Pero, por desgracia y por mala administración, muchos niños experimentan este cuidado del Estado como una opresión, y como consecuencia quieren huir del sistema tan pronto como sea posible. A la edad de 15 o 16 años, son capaces de esconderse de la policía y de los trabajadores sociales. Es por eso que hay tantos niños de la calle que se ubican entre estas edades.
Por otro lado, los niños de la calle en los EEUU consumen diferentes drogas. Pocos usan la goma, el activo y otros productos parecidos. La marihuana es la droga más común, aunque también consumen mucho LSD, el éxtasis, la heroína, y las metaamfetaminas. Si los niños han podido evitar la heroína, la metaamfetaminas, y la cocaína, será más fácil salir de la calle.
A pesar de todas estas diferencias y particularidades con respecto a los procesos en otros países, hay dos semejanzas muy importantes para ser tenidas en cuenta:
- Muchos niños se arraigan en la calle porque se sienten invisibles; porque la vida pública parece ser su único camino hacia el reconocimiento de los demás.
- Los niños de la calle resisten la autoridad y responden mejor, frente a programas que no juzgan, que los reconocen, y que enfatizan en el cariño más que en las reglas.
Hay muchos programas buenos para niños de la calle en los EEUU, pero es importante reconocer que la mayoría de éstos niños salen adelante por su propia cuenta, y no por una ayuda institucional. Es así como los programas más exitosos promueven un proceso más personalizado que tiene en cuenta la iniciativa de los niños, y simplemente, atienden la necesidad de cuidar de ellos frente a las peores experiencias de la calle.