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Notas sobre la coyuntura actual de callejerismo en Perú

En los últimos diez años, las noticias sobre Perú que llegan al exterior han sido bastante buenas. El gobierno de Fujimori derrotó las guerrillas de Sendero Luminoso, la hiper-inflación se acabó, y la democracia llegó al país con la elección de Alejandro Toledo. Lamentablemente, la perspectiva dentro del país no es tan optimista.

Para entender la situación en la calle peruana, hay que entender la economía informal. Desde el segundo regímen de Fujimori, Perú se ha metido plenamente en la globalización, con bajas tarifas de importación, buena acogida al capital internacional, y otras políticas neoliberales. Esta política ha hecho mucho para matar la inflación, pero también ha destruido las empresas nacionales. No hay datos confiables, pero algunos investigadores sugieren que tazas de desempleo llegan a 70-80%.

Esta cifra no quiere decir que la gente no trabaja. Sólo quiere decir que trabaja en la economía informal, sin protecciones laborales, seguridad social, y sin pagar impuestos. En el pasado, la economía informal se limitaba al comecio callejero, pero ahora, hay empresas grandes, fábricas, y tiendas que han abandonado el sistema y funcionan “bajo la tierra.”

La economía informal tiene paralela en el alojamiento informal. Los pobres -- en su mayoría, migrantes campesinos o indígenas -- viven en “pueblos jóvenes” que se construyen en los cerros cerca a Lima. Como las favelas de Brasil, los pueblos jóvenes viven fuera de la ley, y muchos son muy violentos. Muchos habitantes de los pueblos venían a la ciudad desplazados por la guerra de la década pasada, y otros porque la economía del campo ya no les da suficiente dinero o comida para sobrevivir.

Cualquier solución a los problemas sociales o económicos de Lima se complica por su estructura política bizantina. En vez de tener un gobierno para toda la ciudad, Lima se divide en unos 40 distritos, cada uno con sus propio alcalde, consejo, y administración. Así, estrategias estatales de prevención de callejerismo casi no existen, porque la mayoría de los niños de la calle viven en el centro, pero provienen de distritos alejados, sin conección formal con el centro.

La política peruana es pos- o anti- ideológico. Los partidos políticos no tienen plataformas de derecha o izquierda, sino postulan candidatos que son atractivas personalmente -- porque prometan trabajo a sus fieles, porque son carismáticos, et cétera.

Es dentro de este contexto que se debe entender la problemática callejera en Perú. De verdad, la cantidad de niños y niñas que viven en la calle no es muy grande -- se estima que hay unos 1300 en una ciudad de casi 10,000,000. El problema más grande es él de trabajo infantil callejero, con las consecuencias del abandono de la escuela, riesgo de prostitución, y peligros de la calle.

Hay muchas respuestas de las ONG a este problema. Acción por los Niños promueve becas de estudio para niños trabajadores. La Semilla, CEDRO, y la PUC-Lima ayudan a los pueblos jóvenes para contruir bibliotecas y para armar programas de refuerzo escolar. CEDRO capacita jóvenes en la creación de sus propios negocios informales. Y MANTHOC mobiliza miles de niños y niñas trabajadores para reclamar sus derechos y dignificar su trabajo. Para los que participan, estos proyectos han tenido mucho éxito. Para la mayoría de niños trabajadores, la situación queda dura.

Los niños que viven en las calles de Lima tienen fama por su violencia: turistas y limeños les llaman “pirañas,” porque roban a la gente en manadas con cuchillos. Hay grandes problemas de droga (más que todo el pegamento, pero ahora el bazuko se pone de moda), de EST, y de embarazo precoz. También, a pesar de su ubicación tropical, Lima es una ciudad muy fria, y muchos niños caen enfermos por el clima. La educación de calle -- particularmente por CEDRO, INPPARES, y unas ONG evangélicas -- ha llegado a mucho niños, pero muchos más quedan fuera.

En las ciudades provinciales, índices de callejerismo van aumentando. Siempre ha habido mucho trabajo infantil en en campo, y sigue en las ciudades pequeñas -- más que todo en forma de la venta ambulante, lustrar botas, y trabajo en los mercados. Más preocupante, ahora hay números incrementes de niños y niñas que duerman en las calles de ciudades de menos que 100,000 habitantes.

Si la economía peruana sigue en su derrumbe -- y la mayoría de peruanos piensan que es inevitable -- callejerismo va a llegar al punto de crisis dentro de poco.


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