Coyuntura Nacional del callejerismo en Chile
En los últimos años, Chile ha sido el ejemplo favorito del neoliberalismo internacional. De acuerdo a esto, con el libre comercio, la privatización y la rentabilidad, Chile esta pronto a salir del tercer mundo. Los rascacielos de Providencia son prueba del éxito del modelo neoliberal.
Sin embargo, en los últimos años ha crecido vertiginosamente el número de niños en las calles de Santiago y las comunas que lo rodean. Generalmente, los niños se congregan cerca a los grandes centros comerciales para mendigar, vender u ofrecerse sexualmente. Otros trabajan en las calles limpiando parabrisas o vendiendo flores. La mayoría de estos niños mantiene fuertes vínculos con sus familias, algunos mendigan en compañía de sus madres o van a casa con el dinero de su trabajo diario. Dirigentes de ONG locales creen que esta dinámica surge de la crisis económica que padece la clase baja puesto que la economía actual no tiene espacio para ellos y los obliga a contar con la fuerza de trabajo de sus hijos para subsistir.
Como en muchos países del Cono Sur, la trayectoria de un niño de la calle se puede predecir. Probablemente vive en un barrio pobre que queda cerca a uno más rico, talvez donde hay un shopping o centro comercial. En un comienzo sale con su mamá para vender dulces o para pedir limosna (la técnica más utilizada es una lata que dice: "para el fondo comunitario"). Después, con más experiencia en la calle, sale solo y vuelve a la casa con su dinero, dinero sobre el cual los padres harán una exigencia de $5 o $10 al día. Más adelante, con mayor experiencia, un niño listo verá que puede quedarse con el dinero si no vuelve a casa y termina viviendo en la calle. Durante este proceso, la escuela termina expulsando al niño trabajador, aunque él siga asistiendo; se constata de alguna manera "el carácter intolerante" de las escuelas públicas chilenas.
La prostitución infantil es un gran problema en Chile, quizás por el puritanismo nacional. En los barrios pobres, cada noche llegan hombres en autos lujosos, buscando a niñas y niños que se venden en las calles. La economía de esta actividad no depende de los proxenetas y las mismas niñas se encargan de adiestrarse en técnicas sexuales. La ONG Raices tiene una lucha grande para acabar con este libre comercio sexual.
El gobierno actual es socialista de nombre, si no de hecho, y otorga dinero a las ONG por medio del Servicio Nacional del Menor (Sename). Unas ONG alaban a SENAME por su flexibilidad, a pesar de tener aún una perspectiva asistencialista. Las leyes chilenas consideran al niño como "menor," y son sumamente justicialistas, con posibilidad reducida de ver al niño como protagonista o sujeto de derecho.
Durante la dictadura militar (1973-1990), el gobierno rechazó la responsabilidad de cuidar a los ciudadanos, y las ONG que surgieron tuvieron el papel de red de seguridad. Hogar de Cristo, una ONG católica con miles de funcionarios, es el mayor ejemplo de este fenómeno. Asimismo, varias universidades funcionan como servicios sociales para apoyar a las comunidades pobres.
La mayoría de académicos y directores de ONG creen que en los años que vienen habrá muchos más niños en las calles de Santiago, Valparaíso, y otras ciudades chilenas. La estructura de la economía, el asistencialismo del Estado, y la falta de compromiso nacional lo hará casi inevitable.