Gabriel García Márquez escribió en algún momento que él no entendía por qué los intérpretes hablaban del realismo mágico o realismo maravilloso. Insistió que él sólo narraba la realidad de Colombia -- no tenía nada que ver con magia ni con milagros. La vida para niños de la calle en Colombia es testigo a este comentario, porque su vida cotidiana parece un cuento de hadas malvado.
Para entender la coyuntura callejera en Colombia, hay que entender primero la guerra civil actual. Hay, a lo menos, cinco clases de actores violentos en el país, ninguna estrechamente aliada con otra: el ejército, las FARC (guerrilla leninista), el ELN (guerrilla Cheista), las autodefensas (guerrilla de derecha), y los narcotraficantes. Para complicar más el asunto, muchos actores no quieren ganar la guerra, porque el conflicto es un buen negocio -- se puede secuestrar mejor a la gente en un contexto caótico, la guerra facilita el narcotráfico, y el gobierno norteamericano da mucha plata mientra siga el conflicto. La guerra sigue, más que todo, porque violencia es mejor que paz para los que tienen poder y armas.
Estudiosos darán varias fechas para el origen de la guerra civil: 1899, 1948, 1960... Por muchos años, violencia en el campo hizo que unos campesinos se mudasen a las ciudades, pero este fenómeno cambió en los años noventa. Entonces, las guerrillas y las autodefensas empezaron una política de desplazamiento forzado. La guerrilla quiso intensificar el conflicto en las ciudades, y tuvo éxito con la llegada de millones de refugiados. Las autodefesas quisieron eliminar lo que ellos pensaban la base de suporte de la guerrilla -- campesinos, sindicalistas, abogados por los derechos humanos -- pero también sabía que cuando los campesinos salen de sus tierras, las autodefensas las podían robar.
Nadie sabe cuanta gente se ha desplazado a las ciudades grandes -- talvez hasta cuatro millones. La mayoría son familias de madres y hijos. Los hijos son poco preparados para las escuelas urbanas y no saben cómo manejar el ambiente urbano, y las familias sufren de miseria absoluta. Así, pues, los niños salen a la calle para vender o mendigar, o para escapar de la violencia cotidiana de sus casas y barrios. Muchos terminan siendo gamines (el vocablo colombiano para hablar de niños de la calle).
La violencia no es sólo un fenómeno campesino. En Medellín, las pandillas urbanas que quedan como huellas del narco-imperio de Pablo Escobar, ya se han fragmentado. En los últimos años, se han aliado con los grandes poderes armados. Así, en 2002, unos barrios están bajo el poder de las autodefensas, otros bajo influencia guerrillera. El estado ha abandonado a los barrios pobres, y las pandillas son la única ley que queda. Las pandillas se pelean entre sí y fomentan violencia en sus propios barrios. En algunas comunas, hay reclutamiento forzado, y los niños deben afiliarse con las pandillas. Aunque hay unos ensayos de construir la sociedad civil en frente de esta dura realidad, se puede entender fácilmente por qué hay tantos niños en las calles de Medellín -- es su único camino para escapar de la violencia y las pandillas.
El camino de escape puede ser de muchas millas. Cuando estuve en Barranquilla, por la costa colombiana, conocí unos gamines de 8 años que tenían el acento de Bogotá, y les pregunté de donde eran. Era cierto: venían de la capital. Y ¿cómo llegaron? les pregunté, porque sabía que era un viaje de 24 horas en bus, y que la guerra civil ahora no permite viajes por tierra.
Vinimos por chance. (por dedo)
Cuanto tiempo llevaron viajando?
No sé -- siete días, diez.
Y ¿Por qué venieron?
Para conocer el mar, claro...
En muchos paises, hay niños callejeros que viajan, pero en Colombia el fenómeno es sumamente fuerte. Buenas investigaciones muestran que 70% de los niños de la calle en Cartagena provienen de Medellín o Bogotá. Los niños (y las niñas) aprenden a viajar muy chicos -- muchas veces a los 6-7 años, y muchos han viajado por años. Saben mucho de su entorno, y entienden la política y la ecología de su país, pero es muy difícil brindar servicios a ellos, porque jamás quedan en un lugar.
Por miedo al secuestro, los colombianos de clase media ya no pueden viajar por tierra. Las guerrillas y las autodefensas ponen retenes y secuestran a quien que puedan. Así, pues, los gamines son los únicos que pueden viajar a conocer su bello país. Conocí a un niño que fue por chance desde el Rio Amazonas hasta el Mar Caribe, otro que llegó a California, otro que embarcó para Cádiz, y una que salía rumbo a Brasil. Se habla mucho de niños de la calle, pero estos pueden ser niños de la carretera.
La violencia contra gamines va creciendo. En Medellín, hay pandillas de chicos ricos que asesinan a gente de la calle. En Bogotá, hay escuadrones de la muerte -- aunque no tanto ahora como en años pasados. Muchas autodefensas no dejan pasar a los niños viajeros, o les matan como futuros subversivos.
Hay más niñas y jóvenes de la calle en Colombia que en otros paises latinoamericanos -- talvez hasta 25% de la población callejera en Medellín es femenil. Como se puede imaginar, ellas sufren de mucha violencia sexual y son reclutadas de mulas del narcotráfico. Todas ONG a favor de la infancia están de acuerdo que los servicios sociales para niñas de la calle son malos o inexistentes.
Claro que la coyuntura actual en Colombia es una pesadilla, pero hay que recordar la cita de García Márquez con la cual se inició este ensayo. Colombia es un país inexplicable, lleno de maravillas verdaderas. En medio de la guerra, El Festival Iberoamericano de Teatro atrajo 130 compañías de teatro al país, y casi todos los boletos se vendieron por tres semanas de obras en 13 teatros. 2000 personas por noche fueron a ver Chejov -- en Ruso.
Esta famosa cultura intelectual colombiana sirve muy bien a los gamines. Los mejores programas integran arte, filosofía, y política en su programación: Taller de Vida, que patrocina teatro, música, y video-documentales de niños refugiados; Benposta, talvez el mejor ejemplo de democracia directa en América; Circo de Todos, una escuela profesional de circo para gamines; la ACJ, que usa artes para prevenir el abandono del hogar; Colegio del Cuerpo, un maravilloso cuerpo de ballet moderno para niños desplazados.