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Coyuntura Nacional de Callejerismo en Uruguay

No es posible entender nada en Uruguay sin hacer referencia a José Batlle y Ordoñez, el presidente populista de primera mitad del siglo. Aprovechando de una economía fuerte, Batlle propuso y llevó a cabo un Estado de bienestar, casi igual a los de Europa, y fomentó la clase media, la mayor en América Latina. A pesar de la crisis económica actual y de la presión ejercida por el Fondo Monetario Internacional, el Estado sigue vigente.

Sin embargo, hay niños de la calle en Uruguay y en cifras que aumentan día a día. Como en muchos países del Cono Sur, la trayectoria de un niño de la calle se puede predecir. Probablemente vive en un barrio pobre que queda cerca a uno más rico, talvez donde hay un shopping o centro comercial. En un comienzo sale con su mamá para vender dulces o para pedir limosna. Después, con más experiencia en la calle, sale solo y vuelve a la casa con su dinero, dinero sobre el cual los padres harán una exigencia de $5 o $10 al día. Más adelante, con mayor experiencia, un niño listo verá que puede quedarse con el dinero si no vuelve a casa y termina viviendo en la calle. En Uruguay, gracias a la acción de las ONG y de importantes programas del gobierno, pocos niños llegan a esta última etapa.

Con Brasil como vecino, los uruguayos pudieron prever el futuro riesgoso para la infancia y se prepararon. Las ONG más importantes, como Gurises Unidos y El Abrojo, surgieron antes de que el problema estuviera fuera de control, muchas veces por presión de la iglesia, el gobierno, o de las Naciones Unidas. El trabajo comunitario y la escolaridad, así como la reconstrucción de la familia han sido ejes centrales de estas ONG.

El gobierno brinda un fuerte apoyo a la lucha contra el callejerismo mediante el Programa 300. En este, una ONG administra fondos del gobierno y regala cupones de comida a una familia, si ésta cumple un contrato en el cual sus hijos no trabajan y deben asistir a la escuela, ser vacunados y demás. Esto en manos del gobierno podría ser un programa asistencialista, pero asignado a las ONG, parece funcionar bien.

En Montevideo, la red de ONG y OG que trabajan con niños de la calle y derechos de la infancia es fuerte y exitosa. Proponen nuevas políticas al gobierno, programan conferencias internacionales y aseguran que no se dupliquen sus servicios.

Finalmente, la izquierda uruguaya es de las más fuertes en Latinoamérica, y el Frente Amplio tiene poder en Montevideo. Mantiene resistencia frente al neoliberalismo, cuida a la clase media de la marea de la economía internacional, pero no ha podido restringir las fuerzas que lanzan a los niños a la calle. Tal vez el problema más grave, es que el 45% de los niños nacen dentro del 20% de las familias más pobres, lo que constituye un desafío grande para el gobierno y las ONG.


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