Venezuela es un país rico, pero su experiencia nos enseña que la riqueza no proteje a los niños. La distribución, el uso, y la cultura del dinero petrolero han perjudicado a muchos niños y han impedido la gestión de programas en su favor.
Desde el descubrimiento del petroleo en el Lago de Maracaibo en los años 30, esta industria ha otorgado un alto poder adquisitivo a ciertos sectores nacionales. Aquellos se iniciaron en la cultura del consumo, mientras que los pobres aprendieron que los bienes capitalistas eran el único camino a la vida buena. El pobre también se benefició directamente del dinero petrolero, a través de grandes programas estatales de asistencia. Hoy, los Venezolanos hablan de aquel época como la del dinero fácil, y dicen que acabó con la ética laboral en todas capas de la sociedad -- corrumpió a los ricos y hizo que los pobres dependiesen del estado.
Aunque se cayó el precio del petróleo, y los pobres y la clase media perdieron su acceso al ingreso nacional, esta cultura del dinero fácil siguió vigente. En los años 80, niños empezaron a salir a la calle para mendigar o robar, porque sólo así podían acceder a los bienes culturales y económicos. Los medios de comunicación se obsesionaron por menores que matan para robarte las tenis de marca! pero este fetichismo saturó a toda la cultura.
La envidia social generó niveles espantosos de violencia. La violencia, en su turno, mató al espacio público. La gente rica se encerró en sus departamentos de lujo y sus centros comerciales, mientras que el gobierno mandó a la policía para mantener el orden en los barrios populares. Los niños pobres intentaban quebrar a este apartheid económico por salir a la calle como mendigos, malandros, y buhoneros. Terminaron siendo niños de la calle.
El dinero fácil también significó que en Venezuela jamás surgió una izquierda protagonista (cómo en Brasil o El Salvador), sino una izquierda asistencialista, que sólo pedió dinero estatal para los pobres (como en los EEUU). Así, pues, no hubo tierra donde cultivar una sociedad civil crítica ni unas ONG creativas a favor de los niños de la calle. Venezuela goza de unos buenos hogares, pero no existen programas de protagonismo infantil ni de educación callejera (las excepciones son los programas pentecostales en Maracaibo).
Hugo Chávez y su revolución bolivariana han intentado integrar al pueblo en el estado, pero sus reformas son de gran parte asistencialistas -- y, como nos enseña el golpe de estado en Abril de 2002, la vieja aristocracia ni quiere reformas pequeñas. Esta nueva época en la historia venezolana no ha logrado crear ONG protagónicas: el número de niños de la calle sigue creciendo, y no hay bastante programas para servirles.