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Lecciones de la experiencia de Brasil
Nadie puede negar que Brasil aún tiene una gran cantidad de niños de la calle. Sin embargo, debido al trabajo intensivo de estos últimos diez años, a la atención apropiada del problema y a la lucha constante por desarraigarlos de la calle, son menos los niños que habitan en ella y menor el número de violaciones a sus derechos humanos.
La coyuntura que hoy vive México o Guatemala es muy parecida a la vivida por Brasil en el 90; por lo tanto, podemos aprender mucho de sus éxitos y fracasos. Y aunque algunas de estas lecciones parezcan curiosas y hasta difíciles de asimilar, hacen parte del éxito de Brasil para enfrentar la problemática.
Cuando estuve en México en 2000, la gente estaba muy preocupada por la dificultad para sacar a los niños de la calle. El porcentaje de éxito en este proceso, no era muy alentador y en especial, con respecto a quienes estaban muy arraigados a la calle. Esta situación desoladora, fue diferente en el caso de Brasil.
En Belo Horizonte, por ejemplo, una ciudad de 4.5 millones de habitantes, Proyecto Miguilim logró que de 520 niños que vivían en la calle durante el año 2000, 369 (es decir, un 70%) retornaran a casa de su familia o se instalaran en un albergue. Es un nivel de éxito afortunado, como lo es también el hecho de encontrar 520 niños en la calle en una ciudad tan densamente poblada. Esto podría hacer pensar que las políticas Brasileras en torno a la infancia funcionan con más acierto que en otros lugares.
Observando el proceso de cerca, podría decir que hay algunos aspectos relevantes de los cuales se puede aprender en particular:
- El reconocimiento del "placer" en la calle. Somos muy dados a pensar en el sufrimento y las privaciones de los niños que viven en la calle, y nuestro discurso para recaudar fondos está generalmente orientado a una toma de conciencia por parte de la gente para que esta idea despierte la generosidad buscada.
Sin embargo, hay que reconocer que los niños y adolescentes encuentran placer en la calle. En el juego, en la libertad, en el sexo y la droga hay espacios impregnados de placenteras sensaciones a las que resulta difícil renunciar. Si no entendemos este placer, es posible que las soluciones propuestas no vayan a servir o no sean lo suficientemente atractivas como se desea. Por esto, muchas ONGs en Brasil trabajan la llamada "pedagogía del deseo." Es decir, los niños están en la calle porque de una forma u otra otra, quieren estar en ella. El problema es que este "deseo" no les servirá para el futuro. La propuesta es entonces, despertar y enseñar a percibir otros tipos de deseos: el placer de aprender y conocer, el placer de pertenecer y estar integrado a una familia, el placer del teatro, la danza o cualquiera de las manifestaciones artísticas; y el placer del deporte.
El proyecto por tanto, no es "acabar con su miseria," sino "canalizar su deseo hacia una dirección productiva." Esta afirmación no pretende negar la miseria de la calle, porque todos sabemos que existe. Simplemente, pretende mostrar que el problema es más complicado de lo que se cree y que por eso, tener en cuenta un elemento como el "placer" es importante para responder al desafío que se enfrenta.
El Proyecto Axé, en Salvador de Bahía, tiene un programa maravilloso y muy exitoso basado en este idea
- Los niños de la calle no se mueren de hambre. Esta era una lección difícil para mí. Sufrimento era sinónimo de hambre, y mi discurso sobre niños de la calle dependía de esta correlación. Sin embargo, estudios cuidadosamente realizados, muestran que los restaurantes, los vendedores ambulantes, las tiendas, y los que dan limosna, proveen de recursos a los niños de la calle. Ellos no comen bien, y la nutrición no es la adecuada para su crecimiento y desarrollo, pero no se mueren de hambre. Es por eso que ahora, en Brasil, no hay casi ninguna ONG que regale comida a los niños de la calle.
Los niños de la calle mueren por el consumo de drogas, mueren a tiros, víctimas de la violencia y agresión del medio social en el que están. Por eso, los programas que se trabajan en la calle están destinados y encaminados a resolver situaciones de conflicto, violencia, drogadicción, ausencia de derechos humanos, etc. Otra cosa importante es reconocer que los niños que habitan en los barrios pobres (llamados "favelas" en Portugués) sí padecen de hambre. Por eso programas de prevención y atención dentro de las favelas siempre atienden necesidades apremiantes de alimentación. Así, es posible que niños que antes eran de la calle y ahora viven con sus padres u otros miembros de la familia, tengan garantizadas por lo menos dos comidas al día.
- Devolver un niño a su familia es más fácil que llevarlo a un albergue. Esta lección me sorprendió mucho. Tiene mucho que ver con "O Estatuto da Criança "(la ley Brasilera para la infancia y la adolescencia), que coloca a la familia en el centro de todos los proyectos pro-niños.
Los programas generalmente funcionan así: los educadores de la calle despiertan confianza en el niño, básicamente mediante un proceso lúdico (juegos, futbol, música). Después de un tiempo presentan el proyecto al niño: el edificio, los tambores, la cancha de futbol, lo que sea. La idea es que surja el deseo de probar otra cosa, que haya una experiencia más interestante que la calle.
Después de despertar estos nuevos deseos, el educador dice: "Pero para participar, tú debes vivir con tu familia..." y entonces, el trabajo de re-integración familiar comenza. El niño va a su casa con unos educadores, y todos trabajan juntos para reconocer por qué el pequeño huyó y qué propuestas de solución se pueden emprender para hacerle frente a la vida de la familia y a la del niño mismo.
Los buenos programas tratan de manejar otro esquema de asistencia social, es decir, el educador o el psicólogo no se presentan como "él que sabe," sino como el "promotor de preguntas y preocupaciones, y el canalizador de posibles soluciones." Claro que como es de suponer, no todas las familias pueden servir para integrar al niño en un proceso de recuperación. Ya sea por la violencia, la extrema pobreza o la exposición a la droga, las familias no pueden brindar el ambiente que se necesita. Entonces se acude a una tia, a un abuelo, o a un cuñado -- alguién con vínculo familiar -- donde el niño pueda vivir y ser recibido.
Si esto último no es posible, entonces sí se acude a los albergues y a los hogares que se han creado con éste fin. Pero esto únicamente como última opción. Finalmente, cuando el niño ya tiene donde vivir, entonces viene cada día al programa para jugar y aprender. Esta experiencia siempre está orientada a la idea de proporcionar una opción más interesante, divertida, deseada y atractiva que la que ofrece la calle. En estos casos, los educadores, trabajadores sociales, y psicólogos, siguen atendiendo a la familia con visitas regulares.
- Las Redes locales son importantísimas. La ciudades que poseen el mejor éxito en la recuperación de niños de la calle (Goiânia, Belo Horizonte, Salvador) tienen una red social fuerte conformada por todas las ONG que trabajan con niños y adolescentes. Gracias a ello, por ejemplo, un educador de la calle tiene más opciones para elegir el hogar adecuado para un niño de acuerdo a sus circunstancias.
Asimismo, la solidaridad que acarrea la conformación de la red, puede presionar al gobierno o a la policía frente a situaciones que exigen mayor respeto y trabajo, en pro de los derechos humanos. De esta manera, también es posible permitir que el niño elija el programa que más le gusta, y por supuesto, se tiene un campo de acción menos limitado de recursos y opciones de ambiente.
- El gobierno tiene un papel importante. Por "O Estatuto da Criança", el Estado brasilero asume la responsabilidad por el bienestar del menor abandonado, sin familia y sin techo.
Existen numerosos convenios y contratos con las ONGs desde los cuales el gobierno otorga una cantidad de dinero a la organización, para prestar un servicio ya sea de educación en la calle, conformación de hogares, reintegración familiar, etc. Muchas ONGs brasileras obtienen el presupuesto que buscan del Estado, y yo creo que es por eso que tiene tanto éxito.
Puede parecer que este es un caso particular, y que esta situación es poco común como ley, pero ahora otros paises están estudiando la adopción de estos apoyos legales para la realidad problemática con los niños de la calle. Por ejemplo, El Salvador acaba de realizar un proyecto legislativo inspirado en la ley de Brasil. Esto puede ser una cosa importante para tener en cuenta y trabajar hacia futuro.
Sin embargo, no dejan de haber riesgos al trabajar en esta estrecha relación con el gobierno. Algunas ONGs por ejemplo, se adhieren en un vinculo fuerte con un partido político, lo que les garantiza la posibilidad de adqujirir muchos recursos. Pero, como suele pasar en el terreno político, cuando hay cambio de poder, las ONGs resultan de la misma manera afectadas con grandes pérdidas para el desarrollo de su trabajo. ¡OJO Sobre esto también hay mucho por aprender!
- La cultura como instrumento de rescate. Los programas más exitosos han tenido en cuenta la cultura local para rescatar valores, para despertar orgullo por su propia identidad, y para soñar un futuro mejor para los niños. Proyecto Axé (en Salvador, una ciudad mayoritariamente negra) utiliza tambores africanos, danza negra, y capoeira (una arte marcial desarrollado por los esclavos); Proyecto Travessia utiliza teatro (muy importante en la cultura de San Pablo); Proyecto São Bernardo do Campo tiene una escuela de samba para los meninos.
Otros programas, igualmente, aprovechan para el trabajo algunas de sus tradiciones locales de historias, de música, de arte en papel, de arte reciclado.
Excola, de Rio, tiene un programa de radio donde los niños son los DJs, y difunden música de la calle. Se parte de la idea que un motivo importante por lo que los niños se aferran a la calle es la cultura de masa. Por ejemplo, la televisión y las peliculas de los EEUU presentan imágenes de un estilo de vida ideal o imposible que refuerzan en el niño la situación de estar insatisfecho con su vida, pero que igual, los impulsa a buscarla en la calle y querer realizarla. Entonces, al intentar rescatar los propios valores, permeados con su propia identidad y con elementos autóctonos, es posible que el niño tenga un motivo menos para querer permanecer en la calle.
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