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Lecciones de la experiencia de Chile

A pesar de una economía con cifras macroeconómicas mejores que la mayoría de los países latinoamericanos, Chile no es inmune al callejerismo infantil. En Santiago y Valparaíso, hay un creciente número de niños en y de la calle, ocasionado en gran parte, por la crisis económica que viven los sectores sociales más pobres. En muchos casos, estos niños mantienen fuertes vínculos con sus familias, a las que les entregan el dinero ganado por mendigar o vender.

Los chilenos han aprendido unas lecciones que pueden ser valiosas para las ONG pro niños de la calle, en otros países.

  1. El trabajo con las familias permite superar problemas financieros y burocráticos. ONG chilenas sufren dos obstáculos. Primero, tienen poco dinero porque el Estado no da la suficiente y porque las fundaciones internacionales se han retirado del país, debido al "crecimiento" de la economía chilena. Segundo, el dinero del Estado tiene una carga sumamente asistencialista, porque el Servicio Nacional del Menor (Sename) está ceñido por leyes poco progresivas.

    Sin embargo, el trabajo con las familias logra superar este problema. Aunque un programa puede venderse al Sename como un programa caritativo, la realidad demuestra que la familia consigue transformarse en protagonista. Igualmente importante, es que el trabajo con las familias no tiene los altos costos que implica mantener un hogar. Esto por supuesto, no quiere decir que sea un trabajo fácil, porque de todos modos atender a las  familias de niños de la calle, aunque es acertado para la coyuntura actual, exige determinado nivel de capacitación y empatía.

    Serpaj, NAIM, y Raices han logrado mucho éxito con este énfasis.

  2. El éxito de ONGs grandes puede causar problemas para organizaciones peqeuñas. Hogar de Cristo es una organización maravillosa, que ha reemplazado al ausente Estado de bienestar en varias partes de Chile. Muchos niños y familias no recibirían atención si no existiera este Hogar.

    Sin embargo, su enorme dimensión (tiene miles de empleados, millones de socios, y 1500 voluntarios en Santiago), opaca a otras ONG de la vista pública. Propuestas con ideas nuevas y creativas, tienen dificultad para difundir sus ideas o procurar donativos de la gente, porque Hogar de Cristo recibe toda la atención de la prensa. Muchas ONGs se sienten marginalizados en este contexto.

  3. La universidad comprometida puede cambiar el mundo. O mejor, puede cambiar un barrio. La Universidad Santo Tomás y la Universidad del Mar, se han vinculado con ONG o barrios donde los profesores participan como asesores y los alumnos como voluntarios. Particularmente, en el barrio santiagueño de Pudahuel, esta experiencia ha transformado la vida de muchos, muchos niños.

  4. Cuídese de lo burgués! Los trabajadores sociales en Chile son bien formados y mal remunerados. En muchos casos, particularmente por la jerarquía de prestigio en Chile, ellos abandonan su vocación para vincularse a empresas privadas o multinacionales, donde ganan buenos salarios. Cuando los trabajadores con los niños de la calle consideren su labor profesional aislada del compromiso social, buscarán vacantes mejor remuneradas.

    Por otra parte, actualmente en Chile hay un fenómeno preocupante: las familias pobres de los barrios de miseria militan en campañas de candidatos y partidos de derecha, simplemente, porque creen que de esta forma parecen más pudientes y prestigiosas. De esta manera, se subvierte la solidaridad y el tejido social, y se dificulta el trabajo de las ONGs que quieran atender a los niños de la calle.

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