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Lecciones de la experiencia de Colombia
Si se puede encontrar soluciones para los problemas de los niños de la calle en Medellín y Bogotá, hay esperanza para niños en todo el mundo. La cantidad de gamines y la violencia que los amenaza son escalofriantes (véase Notas sobre la coyuntura actual en Colombia), pero hay programas sobresalientes que serán un modelo para todos. Las lecciones de Colombia incluyen:
- Para subvertir la violencia, hay que fomentar la sociedad civil. En Buenos Aires o México, cuando se quiera lamentar las condiciones de la vida, se habla de tazas de violencia que llegan a las colombianas. Es cierto: Colombia es un país violentísimo, y lo ha sido por muchos años. Sin embargo, este contexto ha generado una serie de soluciones que se puede imitar en otros paises violentos.
Lo común en todas soluciones es la sociedad civil. Las pandillas tienen poder no sólo por sus armas, sino también porque brindan servicios a sus comunidades: dinero, trabajo, protección, un sentido de identidad. Para limitar su influencia, hay que potencializar actores no-violentos que brindan mejores servicios.
Así, pues, La Fundación ¡Vivan los Niños!, Taller de Vida, y Benposta capacitan niñ@s y jovenes para ser constructores de paz en sus comunidades. Animadores comunitarios de la ACJ forman grupos juveniles de teatro, danza, y música. DNI seduce pandilleros con talleres de poesía -- para mejor conquistar a las chicas. El Colegio del Cuerpo ha redefinado la identidad de un barrio de desplazados a través de una escuela de danza para sus hijos. Y, en el ensayo más integrado, Hernando Roldán construye contra-culturas civiles para subvertir el poder de las pandillas.
Trabajo con niños puede ser un buen camino para entrar a los barrios más violentos, porque parece no amenezar al poder de las pandillas. Así, pues, las ONG pro niños de la calle tienen un papel fundamental en la construcción de la sociedad civil.
- Para sobrevivir la violencia, hay que respetar a todos. En muchos casos, los pandilleros se quedan fuera de la ley por la exclusión consciente de la sociedad. Cuando sean tratados con respeto (como individuos, no como pandilla), no tienen tanta rabia y están dispuestos a buscar soluciones a los problemas que amenazan a sus comunidades.
- Democracia a los hogares! Benposta Nación de Muchach@s no es ni un hogar ni una institución, pero debe ser el modelo para todos programas residenciales. Benposta es una comunidad democrática con 150 ciudadanos jóvenes y niños (ex niños de la calle), donde los chicos eligen su alcalde y su gabinete y se sientan en un parliamento bi-cameral para decidir sobre todos los asuntos de la comunidad. Los ciudadanos socializan a sus nuevos compañeros, y casi no existen problemas de disciplina o mal comportamiento. Parece un experimento utópico, pero es cierto.
En muchos casos, estamos muy dispuestos a acceptar hogares mediocres, donde lo importante es mantener la disciplina y formar buenos trabajadores. Benposta comprueba que podemos hacer mucho mejor: que una comunidad de niños de la calle puede formar líderes comunitarios y contribuir al bien común del país.
En vez de rescatar a los niños de la calle, Benposta enseña que un programa residential tiene un papel mucho más importante: capacitar a los jóvenes para rescatar a la sociedad donde viven.
- Aproveche de la cultura alta y la cultura baja. Colegio del Cuerpo es un cuerpo de ballet moderno para niños refugiados, tan bueno que podría bailar en el escenario del Bolshoy o la Casa de la Ópera en Viena. Circo para Todos es una escuela profesional de circo para niños de la calle. Los jóvenes de Taller de Vida presentan una obra cómica sobre sus experiencias en la guerra. DNI capacita pandilleros en poesía, y la ACJ patrocina talleres de rap y hip-hop.
Parece una mescla desesperada de lo alto y lo bajo, la cultura europea y la cultura de masa. Sin embargo, todos programas funcionan para prevenir el abandono del hogar, para aumentar el auto-estima de l@s muchach@s excluid@s, y para construir significación en sus vidas. Las artes no son una técnica para rescatar a los niños, sino una parte fundamental de sus vidas.
Lo importante aquí es que muchas artes sirven: niños refugiados -- pobres, campesinos, negros, violados y violentados -- pueden aprender a bailar del estilo de Martha Graham. Pandilleros son felices de aprender sobre Pablo Neruda si creen que les va a ayudar con las chicas. Hip-hop, que parece una música violenta y gringa, se puede transformar a ser un arte pacificista y anti-imperialista. Una obra de teatro sobre la guerra puede volverse una comedia.
En todos los casos, los niños aprenden la pasión y saben que hay algo importante en sus vidas.
- Arte vale más que terapia. Álvaro Restrepo, coreógrafo y fundador del Colegio del Cuerpo, dice que hablar del pasado o ventilar la angustia no sirve tanto como sublimar la tristeza en el gozo del baile. La experiencia de otros programas artísticos enseña la misma lección. Una nueva vida permite olvidar y superar a las cicatrices del pasado.
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