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Lecciones de la experiencia de México
Hoy en día, Ciudad de México atraviesa por una de las peores condiciones del mundo en lo que se refiere a la problemática de los niños de la calle. Censos informales indican que hay casi 100,000 niños sin techo, y otro millón trabajando, mendigando, prostituyéndose, o simplemente en la calle, fuera de la escuela. En las otras ciudades del país, el problema no ha llegado a tal nivel, pero va en progresivo aumento.
Sin embargo, programas exitosos tienen importantes lecciones para enseñar a otras ONGs y otros paises. Entre las más importantes están:
- El uso de la droga y los hábitos sexuales no se manejan simplemente por predicar abstención. Particularmente con niños mayores y jóvenes, las soluciones radicales no dan buenos resultados. Aunque los niños quieran dejar la droga o el sexo riesgoso, o quieran salir de la calle, la mayoría carecen de voluntad y rechazan la ayuda que exige perfección.
El Caracol ha escapado a este peligro con una propuesta educativa que no juzga ni condena. En lugar de exigir abstención o sobriedad, la filosofía de "reducción del daño" promueve pequeños pasos en la vida de los jóvenes. Reemplazando la condena a todo tipo de droga, por un proceso de reconocimiento, se puede llegar a aceptar por ejemplo, que la goma es peor que la marihuana, y que la heroina es peor aún.
Este proceso intenta reducir el daño que la droga causa, más que eliminar una adicción que el niño no quiere o no puede dejar.
Por ejemplo, durante una conversación con un adicto a la heroina, el educador sugiere jeringas limpias para no contagiarse con el VIH o la hepatitis. Con un adicto a la goma, se habla de otras técnicas o alternativas para enfrentar la vida de la calle.
Las ONGs que practican la "reducción de daño" y la filosofía de no juzgar, han cosechado un aumento de confianza en los niños, y un mayor porcentaje de jóvenes que salen de la calle.
- Un problema orgánico debe tener solución orgánica. Existen muchas causas sobre el origen del callejerismo en México, entre ellas la pobreza, el abuso, la desintegración familiar, los medios de masa, las escuelas... Cualquier programa que quiera acabar con el callejerismo, debe tomar en cuenta todas estas posibles causas y saber integrar todos los actores sociales que están involucrados en ellas.
Los programas que logran que los niños jamás se arraiguen a la calle movilizan toda la red social: iglesias, escuelas, pequeños empresarios, vendedores ambulantes y habitantes de la calle. Ednica ha logrado un éxito impresionante con esta estratégia, y vale la pena imitarla.
- El Turismo puede contribuir al callejerismo. En algunas ciudades turísticas (entre ellas Oaxaca y San Cristobal), las familias han aprendido que un niño puede vender más artesanías, y puede mendigar y obtener más limosna, que un adulto. Los niños de la calle se convierten de hecho, en cabezas de familia, simplemente porque los turistas les tienen más piedad.
Esta situación, más allá de los problemas típicos de la calle (falta de salud, de educación, violencia, etc), fomenta un falso sentido de piedad o consideración hacia sí mismo, desvirtuando en el niño el nivel de autoestima y proyectando personas con una autoimagen de víctima, que dificulta aún más su salida de la calle.
Hasta ahora, Shine-a-light no conoce ninguna ONG que combata este problema con éxito.
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