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Lecciones de la experiencia en Perú
Las condiciones de vida en las calles de Lima son terribles: el frío del invierno pesa fuertamente sobre los niños de la calle, la violencia callejera llega a niveles colombianas, y la economía es tan mala que ni vender ni mendigar lleva un buen ingreso (vea Notas sobre la coyuntura actual en Perú). Sin embargo, hay unas ONG muy creativas en Perú, de las que se puede aprender mucho.
- Bibliotecas previenen el callejerismo. Lima tiene una vieja tradición de letrados, y a pesar del crecimiento espantoso de la ciudad en los últimos años, la cultura del libro sobrevive. Unos programas -- entre ellos CEDRO, La Semilla, y la PUC-Lima -- promueven la construcción de bibliotecas comunitarias, lo que ha hecho mucho para dar otra opción que la calle.
Una biblioteca como archivo de libros no basta: debe ser un espacio comunitario. En muchos casos, jóvenes y adultos de la comunidad alfabetizan a los niños en la biblioteca, o la usan como lugar de refuerzo escolar. Niños, niñas, y adolescentes se juntan en la biblioteca porque es un lugar más seguro, sano, y limpio que las calles del barrio. Y cuando estén allí, aprovechan de los libros para leer, investigar, y aprender.
- No son sólo los jóvenes que deben ser protagonistas, sino sus familias, también. Las quintas del centro de Lima parecen ser un barrio pos-apocalíptico -- familias viven en las ruinas de las casas de la artistocracia del siglo 18. Hay altas tazas de drogadicción, pandillaje, y enfermidad. Sin embargo, CEDRO enseña los habitantes de las quinta cómo aprovechar de sus propias capacidades y distrezas, y unas comunidades van cambiando.
Por ejemplo, hay gente en las quintas que ha trabajado en construcción. CEDRO les mobiliza y les otorga tubería y baños. Ahora, la gente de la quinta construye sus propio sistema de agua y drenaje. También hay mujeres que saben enseñar artesanía o cocina, y CEDRO les capacita para ser maestras de sus pares. Otras madres enseñan lectura a los niños, o adminsitran pequeñas bibliotecas comunitarias.
- Lo extraño puede atraer al niño callejero. En Huaraz, un centro famoso de andinismo, niños de la calle van a palestras de roca artificial, donde aprenden a escalar piedra. Otros niños son atraidos por la vida de los guías de alta montaña. Unos programas intentan aprovechar de tales deseos para motivar a los chicos para salir adelante.
- La abolición de trabajo infantil es una cuestión aún abierta. MANTHOC, un movimiento de niños y niñas trabajadores, intenta revindicar la dignidad del trabajo y mejorar las condiciones del trabajo infantil. En vez de promover la erradicación del trabajo infantil, reconoce que todos los niños trabajan: hace tareas en las casas, cuidan a sus hermanos menores, y cocinan cuando sus padres vuelven tarde a la casa. Igualmente, reconoce que el trabajo y el sueldo son los caminos a la dignidad en una cultura capitalista.
Si se accepta este argumento o no, no se puede negar los buenos resultados de la propuesta de MANTHOC. Los 5000 participantes asisten más a la escuela que otros niños trabajadores, son buenos líderes, y saben sus derechos. Los talleres vocacionales brindan otras alternativas al trabajo callejero, alternativas que son más seguras y mejor remuneradas.
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