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Lecciones de la experiencia en Uruguay
Por su estado de bienestar, el fuerte papel de la clase media, y la fuerza de la izquierda, Uruguay parece un país excepcional, casi utópico en Latinoamérica. Sin embargo, hay niños de la calle y la experiencia en la "República Oriental" puede enseñar mucho.
- La izquierda también sufre del asistencialismo. Muchas veces son criticados los proyectos de la iglesia o de las ONG internacionales por su asistencialismo, pero programas independientes y gubernamentales pueden caer en la misma trampa. En Uruguay, los trabajadores del Estado (médicos, asistentes sociales, maestras, quien sea) conforman una clase media fuerte, pero su trabajo a veces no mantiene el debido reconocimiento por el protagonismo de los más pobres. Es decir, que los pobres tienen buen servicio médico y buena educación, pero no son asumidos como actores. Esto de alguna manera, ha contribuido con el callejerismo.
- Una buena red de ONG hace milagros. O casi. Las ONG pro- niños de la calle en Montevideo se relaciona mediante la red Intercalle, logrando de esta manera ser una sola voz frente al gobierno, evitar una sobreoferta e intercambiar experiencias.
- La mitad del trabajo es prevención. Al observar el callejerismo en Brasil y Argentina y reconociendo que Uruguay no sería inmune a los efectos de la economía mundial que lanza niños a la calle, ONG uruguayas empezaron a trabajar con niños antes que hubiese este fenómeno. Durante los años 1970 y 1980, se empezaron a implementar programas en comunidades pobres. De esta manera, cuando empezaron a aparecer niños en las calles, ya se tenía mucha experiencia y lo más importante, la cantidad era menor de la que se hubiera esperado. Aquí, la experiencia de Gurises Unidos es respresentante.
- Un niño de la calle puede volver a la escuela formal. La mayoría de niños de la calle ha abandonado la escuela formal, pero los educadores de la calle en Uruguay no claudican en su empeño por escolarizarlos. Una parte importante de los programas pro-niños de la calle y niños trabajadores, es revincularlos con su escuela. Las maestras públicas salen con los equipos de calle de El Abrojo para proveer apoyo escolar y facilitar el reingreso a la escuela (puede presentarse que las escuelas públicas pagan el sueldo de la maestra). Por suerte, la tradición inclusiva de las escuelas Uruguayas permite este reintegro y puede ser un modelo que otros países pueden implementar.
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